Diagnóstico de Agua: evaluar hoy para prevenir mañana

Ingrid Castro U.
Ingeniero Agrónomo
Directora Centro de Laboratorios
Cooprinsem
icastro@cooprinsem.cl

Cuando pensamos en la calidad del agua, muchas veces la primera imagen que se nos viene a la cabeza es la de un vaso de agua limpia y transparente. Y es bastante lógico: estamos acostumbrados a relacionar lo que vemos con su calidad. Sin embargo, cuando hablamos de agua, las apariencias pueden engañar. Que sea transparente, no tenga olor y parezca limpia no significa necesariamente que conozcamos realmente sus características.

En Cooprinsem llevamos años analizando agua y, probablemente por nuestra estrecha relación con el sector agropecuario, existe una tendencia natural a asociar este servicio principalmente con la ganadería y con los análisis requeridos para planteles PABCO. Estos análisis son parte importante de nuestro trabajo, pero representan solo una parte de lo que podemos hacer.

El agua está presente en prácticamente todas las actividades que desarrollamos. La utilizamos para beber, producir alimentos, regar cultivos, abastecer instalaciones, lavar equipos, superficies y llevar adelante distintos procesos productivos. Por lo mismo, hablar de diagnóstico de agua es mucho más amplio que hablar exclusivamente de producción animal.

Nuestro Laboratorio de Aguas cuenta con capacidades para realizar análisis microbiológicos, físico-químicos y organolépticos, destinados a diferentes necesidades. Podemos evaluar desde aspectos tan conocidos como el pH, la turbidez o la dureza, hasta parámetros microbiológicos como coliformes y Escherichia coli, además de otras determinaciones que permiten conocer de manera mucho más completa las características de una muestra.

Pero más que enumerar todo lo que podemos analizar, lo importante es entender para qué sirve esa información

Pensemos, por ejemplo, en una empresa que utiliza agua de pozo en sus instalaciones, en un agricultor que necesita conocer la calidad del agua que utiliza, en un establecimiento que cuenta con una fuente propia de abastecimiento o en un proceso productivo donde el agua forma parte de la operación diaria. En todos esos casos existe algo en común: se toman decisiones suponiendo que conocemos el agua que estamos utilizando.

Y no siempre es así

Muchas veces llegamos al análisis cuando algo ya llamó nuestra atención. El agua cambió de color, apareció turbidez, existe un olor diferente, se presentó algún inconveniente en un proceso o simplemente necesitamos demostrar que cumple con determinados requisitos. El desafío está en comenzar a mirar el análisis también desde otra perspectiva: no esperar a tener un problema para preguntarnos por la calidad del agua.

Un análisis realizado oportunamente permite establecer una referencia objetiva, identificar posibles cambios y contar con información confiable para la toma de decisiones. En otras palabras, permite pasar de “creer que está bien” a “conocer y comprender sus características a partir de datos objetivos”.

Esto resulta especialmente importante porque algunos problemas pueden ser evidentes, pero otros no. La presencia de determinados microorganismos o alteraciones en algunos parámetros físico-químicos no necesariamente modifica el aspecto del agua. Ahí es donde el laboratorio adquiere sentido: nos permite observar aquello que nuestros sentidos no pueden identificar.

También debemos considerar que no todas las aguas son iguales ni todos los clientes necesitan conocer lo mismo. El análisis adecuado dependerá de dónde proviene el agua, cuál será su uso y qué queremos evaluar. Una muestra destinada a verificar agua para consumo humano no necesariamente requiere el mismo enfoque que aquella utilizada para otro propósito.

Por eso, nuestro trabajo no debiera comenzar simplemente cuando una muestra llega al laboratorio. Comienza antes, entendiendo qué necesita el cliente y orientándolo respecto de qué analizar.

Y hay otro punto que resulta fundamental: una buena respuesta de laboratorio comienza con una buena muestra. El lugar donde se toma, la forma en que se obtiene, el recipiente utilizado, su conservación y el tiempo que demora en llegar al laboratorio pueden influir en los resultados. No importa cuán sofisticado sea un equipo o cuán preciso sea un método si la muestra que recibimos no representa correctamente el agua que queremos conocer.

Esta mirada es la que queremos fortalecer desde el Centro de Laboratorios de Cooprinsem. No queremos que nuestro Laboratorio de Aguas sea visto únicamente como el lugar al que se envía una muestra para cumplir una exigencia. Queremos que sea reconocido como un apoyo para quienes necesitan información confiable para tomar decisiones.

Agricultores y productores son parte importante de nuestros clientes, pero nuestras capacidades también pueden estar al servicio de empresas, establecimientos, comunidades y otras organizaciones que necesiten evaluar la calidad del agua que utilizan.

Después de todo, detrás de una muestra de agua casi siempre hay algo mucho más importante que un resultado analítico. Puede haber personas que la consumen, animales que dependen de ella, cultivos que necesitan desarrollarse, alimentos que se producen o procesos que deben funcionar correctamente.

Esa es probablemente la mejor forma de entender nuestro trabajo.

Analizar agua no consiste solamente en medir parámetros. Consiste en entregar información que permita actuar a tiempo

Porque cuando se trata de un recurso tan esencial como el agua, conocer hoy lo que estamos utilizando puede ayudarnos a evitar los problemas de mañana.

¿Tiene dudas sobre qué análisis realizar? Nuestro equipo está disponible para orientarlo y ofrecer las opciones de análisis más adecuadas. Escríbanos o contáctese con su sucursal Cooprinsem más cercana para conocer el detalle de todos nuestros servicios.