Lo que no ves bajo el suelo: El costo oculto de la cuncunilla negra y gusanos blancos en tus praderas.

JEAN PIERRE LOUSTAU
Ingeniero Agrónomo / MBA
Product Manager
Osorno – Temuco – Los Ángeles
Cooprinsem

En los sistemas pastoriles del sur de Chile, particularmente en zonas de producción lechera y ganadera, existe un conjunto de plagas cuya acción pasa desapercibida en etapas iniciales, pero que puede generar impactos productivos y económicos altamente significativos. Dentro de estas, destacan las especies de cuncunillas negras (Dalaca chilensis, Dalaca pallens y Dalaca variabilis), junto con los gusanos blancos (Phytoloema herrmanni y Hylamorpha elegans), cuya principal característica es que desarrollan su ciclo larval bajo el suelo, afectando directamente el sistema radicular en caso de gusanos blancos y base de los macollos en el caso de la cuncunilla negra.

A diferencia de otras limitantes agronómicas más evidentes, el daño causado por estas especies no se manifiesta de forma inmediata en la parte aérea de las plantas. En el caso de Dalaca spp. (Imagen 1), las larvas habitan en galerías subterráneas y emergen para cortar las plantas a nivel de cuello, generando pérdidas rápidas de cobertura, especialmente durante otoño e invierno.

En contraste, los gusanos blancos (Imagen 2) presentan un comportamiento más progresivo. Las larvas de Phytoloema herrmanni y Hylamorpha elegans, reconocibles por su forma en “C”, se alimentan de raíces a distintas profundidades, debilitando las plantas de manera sostenida y reduciendo su capacidad de rebrote.

El ciclo biológico de estas especies está fuertemente determinado por las condiciones climáticas del sur de Chile. En el caso de cuncunilla negra, el mayor nivel de daño se concentra entre los meses de mayo y agosto, cuando las larvas se encuentran activamente alimentándose en los primeros centímetros del suelo.

Mientras que en el caso del gusano blanco presenta un ciclo anual, con larvas activas durante gran parte del año en el suelo, generando una presión de daño continua sobre las raíces de las praderas. Esta diferencia es clave, ya que explica por qué en algunos potreros el deterioro de la pradera es rápido, mientras que en otros ocurre de manera gradual pero constante.

Desde una perspectiva agronómica el daño de ambas plagas suele confundirse con problemas de fertilidad o deficiencias nutricionales. Es común observar praderas con bajo crecimiento, escasa respuesta a fertilización nitrogenada o menor densidad, sin identificar inmediatamente la causa real. Sin embargo, a medida que la infestación avanza, se comienzan a evidenciar manchas irregulares, plantas debilitadas y sectores donde la pradera pierde completamente su cobertura. En el caso del gusano blanco, el sistema radicular ya ha sido severamente afectado, comprometiendo la capacidad productiva del potrero.

Para dimensionar el impacto real de estas plagas, es útil traducir el daño agronómico a términos económicos.

Supongamos un escenario conservador:

Producción potencial pradera:
12.000 kg MS/ha/año.

Pérdida por daño de plagas:
30%.

Nota: Se considera un potencial daño económico cuando en la muestra (pala 20 x 20 cm) se encuentran 2 cuncunillas negras y/o 4 gusanos blancos en praderas establecidas de más de 1 año.

Pérdida de producción:
3.600 kg MS/ha.

Si consideramos un costo de reemplazo de forraje ($150 por kg MS).

Pérdida económica directa:

3.600 kg MS x $150 = $540.000 por hectárea/año.

Y esto es conservador. En escenarios de alta infestación, donde la pérdida puede superar el 50%, el impacto puede fácilmente duplicarse.

Ahora llevémoslo a escala predial:

Predio de 50 ha afectadas.

$27.000.000 anuales en pérdida productiva.

En este contexto, la observación de campo y el monitoreo mediante muestreos se vuelven herramientas fundamentales para entender lo que está ocurriendo en el sistema. La identificación de larvas, su densidad y su distribución en el perfil del suelo permiten anticipar problemas y tomar decisiones agronómicas con mayor precisión.

Las plagas del suelo no solo afectan la persistencia de las praderas, sino que representan un costo económico significativo que muchas veces no se cuantifica. La diferencia entre un sistema productivo eficiente y uno que pierde rentabilidad puede estar, literalmente, bajo el suelo.

Entender su ciclo, reconocer sus síntomas y dimensionar su impacto económico es el primer paso para una gestión más eficiente y rentable de las praderas en el sur de Chile.