Compactación El paso infravalorado en la fabricación de ensilado

Timo Schaefer
International Technical Sales Manager Silage Inoculants, Josera Agrar

Recuerdo bastante bien la visita a esa lechería. El productor me llamó, quejándose de que su ensilado de maiz se estaba recalentando. Al llegar, tomé mediciones de temperatura en la cara del silo y rápidamente encontré lecturas superiores a 45°C.  Así que sí, el productor tenía razón: estaba  recalentado. La pregunta más importante, sin embargo, era: ¿por qué? La fuente del problema era fácil de identificar pero más difícil de medir. Como he visto muchas veces antes, el culpable fue la compactación insuficiente. Los valores de densidad que registré estaban muy por debajo del rango aceptable, demasiado bajos. Sin embargo, el agricultor insistió en que todo se había hecho correctamente. Según ellos, su temporada de cosecha era “la mejor que había tenido nunca.”

Un caso similar ocurrió en otra lecheria. El agricultor informó que el ensilaje empezó a calentarse tras abrirse, pero afirmó que no se habían hecho cambios en su procedimiento de cosecha. Pero tras un poco más de preguntas, un pequeño comentario aparte reveló el problema: por primera vez se había utilizado un nuevo carro de forraje más grande. El volumen de cosecha había aumentado significativamente, pero la capacidad de compactación se mantenía igual. De nuevo, las lecturas de densidad eran demasiado bajas.

Estos son solo dos ejemplos de una tendencia recurrente y preocupante. ¿Por qué tantas granjas pasan por alto cuál puede ser el paso más crucial en la fabricación de ensilado?

Un problema generalizado y a menudo pasado por alto

En mi experiencia, entre dos tercios y tres cuartas partes de las lecherias europeas tienen dificultades con una densidad de compactación inadecuado. La cuestión no es si la compactación es un problema, sino cuán grave es el problema. Incluso problemas menores de compactación pueden afectar significativamente la calidad del ensilado y la estabilidad aeróbica. El daño puede que no siempre sea visible, pero siempre está presente.

Una cadena de cosecha bien organizada es esencial. Cada eslabón del proceso debe funcionar en armonía, especialmente cuando se trata de ajustar la maquinaria de compactación al volumen de forraje cosechado. Como orientación:

  • Para el ensilado de pradera, la maquinaria para compactar debe pesar al menos un tercio de la masa cosechada por hora.
  • Para el ensilado de maíz, se recomienda al menos un cuarto de la masa cosechada por hora.

Estas recomendaciones aseguran una presión suficiente para expulsar el aire y alcanzar la densidad deseada.

El Centro Agrícola Alemán de Baden-Württemberg, una autoridad líder en producción forrajera, publicó en 2006 los valores de densidad objetivo. Estos se basan en el contenido de materia seca (MS) del cultivo: cuanto menor es el contenido de MS, menor es la densidad objetivo en kg MS³.

Alcanzar estos objetivos (Tabla 1) es esencial, no solo para una fermentación y estabilidad exitosas, sino también para minimizar las pérdidas financieras debidas al deterioro del ensilado.

Lo que nos dice la ciencia

Las investigaciones confirman que la compactación tiene efectos de gran alcance. Un estudio de Kung et al. (2021) demostró que una menor densidad reduce la producción de ácido. Esto conduce a valores de pH más altos, lo que a su vez resulta en una conservación menos eficaz, mayor degradación de proteínas (Velho et al., 2007) y niveles elevados de amoníaco-nitrógeno (NH₃-N) (Sucu et al., 2016).

Menor densidad significa más oxígeno atrapado, fomentando la actividad microbiana y provocando una fermentación ineficiente. Esta cascada conduce a un aumento de las pérdidas de materia seca, como muestran Adesogan et al. (2014), con pérdidas de hasta el 12% o más en silaje mal compactado.

Una vez que el ensilado está abierto, una mala compactación permite que el aire se infiltre más fácilmente. El oxígeno puede viajar a través de vacíos, provocando el crecimiento de levaduras y mohos, incluso en lo más profundo del búnker. Estudios de Sun et al. (2021) y Anesio et al. (2017) muestran que esto reduce la estabilidad aeróbica, especialmente en presencia de levaduras asimiladoras de lactato (Weiß et al., 2022), que aceleran el deterioro.

Los inoculantes mejoran, pero no reemplazan, una buena compactación

Incluso cuando se alcanza la compactación objetivo, el ensilado solo está parcialmente protegido. Como demuestran Antoniali et al. (2004), una mayor densidad por sí sola reduce el crecimiento fúngico, pero solo en cierta medida. Sin embargo, cuando se aplican inoculantes, el efecto se vuelve significativo. La combinación de una compactación adecuada y inoculantes microbianos proporciona la defensa más robusta contra los microorganismos que producen el deterioro, mejorando aún más la estabilidad aeróbica.

Conclusión: La compactación merece el foco

Aunque factores como el momento de la cosecha, la altura de corte y la longitud del corte ciertamente influyen en la calidad del ensilado, la compactación se subestima con demasiada frecuencia. Desempeña un papel central en la preservación del forraje, la prevención de pérdidas económicas y la protección de la salud animal.

Los agricultores y proveedores de servicios de cosecha deben dar mayor importancia a la densidad como parte de una estrategia integral para la producción de ensilado. Si queremos maximizar la eficiencia de la conservación de forrajes y minimizar sus perdidas, ignorar este paso crítico no es una opción.