La protección del maíz comienza en la semilla Enfermedades del maíz, Parte II

Tuniche

En el cultivo de maíz, lograr una buena población de plantas comienza mucho antes de que las primeras hojas aparezcan sobre el suelo. Desde la siembra, la semilla y la plántula enfrentan distintos factores que pueden comprometer su desarrollo, especialmente durante las primeras etapas, cuando la pérdida de una planta puede tener un impacto directo sobre el establecimiento y el potencial productivo del cultivo.

Por eso, en Tuniche, el proceso de producción de semillas contempla el tratamiento de semillas en planta, incorporando soluciones fungicidas e insecticidas orientadas a proteger frente a determinados patógenos y plagas que pueden afectar al cultivo durante la germinación y emergencia.

Este tratamiento se realiza mediante equipos especializados, que permiten trabajar con dosis precisas y una cobertura uniforme de la semilla. Así, la protección pasa a formar parte de un proceso controlado antes de que la semilla llegue al campo.

Control de calidad antes y después del tratamiento

La protección de la semilla también va acompañada de un proceso de control de calidad. En Tuniche se realizan análisis de germinación y vigor antes y después del tratamiento de semillas, permitiendo verificar que el proceso mantenga la calidad fisiológica de la semilla y su capacidad para dar origen a plantas uniformes y vigorosas.

Estos análisis son realizados bajo protocolos establecidos y cuentan con certificación del SAG, entregando un respaldo adicional al proceso y permitiendo monitorear la calidad de la semilla en las distintas etapas.

Cuando el riesgo comienza bajo el suelo

Durante la germinación y emergencia, la semilla y las primeras estructuras de la planta permanecen en contacto directo con el suelo. Es precisamente durante este período cuando algunos hongos e insectos pueden generar daños que posteriormente resultan difíciles de compensar.

Una semilla con alto potencial genético necesita comenzar su desarrollo en condiciones que le permitan expresar ese potencial. El tratamiento de semillas constituye, en este contexto, una herramienta preventiva que ayuda a reducir determinados riesgos sanitarios y favorecer un establecimiento más uniforme.

Entre las soluciones utilizadas en el tratamiento de semillas de maíz se encuentran productos de Syngenta orientados a distintas amenazas sanitarias.

Fusarium: un problema que puede comenzar temprano

El género Fusarium comprende hongos capaces de afectar distintas estructuras de la planta de maíz. En Chile, INIA describe a Fusarium moniliforme y Fusarium graminearum entre los agentes asociados a fusariosis del maíz. La enfermedad puede manifestarse desde las primeras etapas, provocando pudrición de semillas y marchitez de plántulas, y posteriormente comprometer raíces, cañas y mazorcas.

Plantas que se secan o mueren antes de tiempo, tallos débiles que se quiebran, plantas que se tienden y una médula café, rosada o descompuesta al abrir el tallo, pueden ser señales de pudrición de tallo causada por hongos del género Fusarium. Detectarla a tiempo permite tomar medidas de manejo para reducir su impacto en el rendimiento. Una infección que se inicia temprano puede comprometer el desarrollo posterior de la planta. Por eso, la protección de la semilla constituye una primera barrera frente a los hongos asociados a esta enfermedad.

Para este objetivo, Celest Quattro es un fungicida para tratamiento de semillas de maíz que contempla en su registro el control de Fusarium graminearum, Fusarium moniliforme y rizoctoniasis. Su formulación combina cuatro ingredientes activos: tiabendazol, azoxistrobina, fludioxonilo y metalaxilo-M.

Carbón de la panoja: protección desde la semilla

El carbón de la panoja es otra enfermedad relevante del maíz y, por su importancia, fue abordado en profundidad en la edición anterior de esta revista.

 

En este caso, la estrategia de tratamiento de semillas incorpora Vibrance, fungicida con actividad sistémica cuyo registro en maíz contempla el control de carbón de la panoja, causado por Sphacelotheca reiliana.

Más que volver a describir esta enfermedad, lo importante aquí es destacar que la protección frente a este patógeno también puede incorporarse desde la semilla, como parte de una estrategia preventiva para las primeras etapas del cultivo.

Gorgojo argentino: una amenaza especialmente relevante al mirar hacia el sur

El gorgojo argentino de las ballicas (Listronotus bonariensis) merece una atención especial cuando hablamos del establecimiento del maíz en el sur de Chile.

Se trata de una especie estrechamente asociada a las gramíneas y particularmente a las ballicas. En Chile se encuentra ampliamente distribuida, y existen antecedentes de ataques sobre maíz, además de trigo, cebada y praderas. El Ministerio del Medio Ambiente registra actualmente su distribución desde Coquimbo hasta Magallanes.

Su presencia resulta especialmente interesante para los sistemas productivos del sur, donde las praderas de ballica forman parte habitual de las rotaciones. Estudios realizados en la zona han documentado nuevamente la presencia del gorgojo en praderas de ballica del sur de Chile y sus efectos sobre las plantas.

El daño puede producirse durante las primeras etapas del cultivo. Las larvas afectan tejidos cercanos a la corona y estructuras en desarrollo; cuando el ataque ocurre tempranamente, las plantas pueden morir, mientras que ataques posteriores pueden reducir el desarrollo radicular y favorecer pérdidas de vigor.

Por eso, en un sistema donde el maíz puede establecerse después de una pradera, conocer el historial del potrero y considerar los riesgos asociados a las plagas de suelo adquiere especial importancia.

Cruiser 600 FS Semillero, insecticida para tratamiento de semillas, está registrado en maíz para el control de gorgojo argentino, además de otras plagas. Su ingrediente activo es tiametoxam y presenta actividad sistémica vía radicular, con efecto residual.

Gusano cortador: cuando una planta puede desaparecer en una noche

Los gusanos cortadores representan otro riesgo durante el establecimiento. Corresponden a larvas de distintas especies de mariposas, entre ellas especies de los géneros Agrotis y Feltia, que tienen el hábito de alimentarse en torno a la base de las plantas y pueden cortarlas a nivel del cuello. INIA los identifica entre las plagas frecuentes del maíz en la zona central y centro-sur de Chile.

El problema está precisamente en la etapa en que ocurre el daño: una planta recién emergida tiene poca capacidad para compensar una pérdida. Además, una misma larva puede dañar total o parcialmente varias plantas de una misma hilera.

Los antecedentes de INIA también muestran que los ataques pueden intensificarse dependiendo del sistema de rotación, el manejo del potrero y las condiciones de la temporada, con especial atención a situaciones en que el maíz sigue a una pradera o cuando existen malezas que sirven de refugio o alimento.

Frente a este riesgo, Fortenza Semillero incorpora ciantraniliprol y está registrado en maíz para el control de gusano cortador, además de gusano barrenador y gusano cogollero. El producto actúa de manera sistémica, siendo absorbido por las raíces y transportado hacia la planta.

Cuatro amenazas, una semilla protegida

El tratamiento de semillas permite integrar distintas herramientas de protección desde un mismo punto de partida.

Pero detrás de esta estrategia no está solamente la elección de productos. El tratamiento realizado en planta permite trabajar con equipos especializados, dosis precisas y una cobertura uniforme, elementos fundamentales para lograr una aplicación consistente sobre la semilla.

Esto adquiere especial valor en el sur de Chile, donde las condiciones de establecimiento, los sistemas de rotación y la presencia de praderas pueden generar escenarios sanitarios particulares. En estos sistemas, conocer el historial del potrero y anticiparse a los riesgos de las primeras etapas forma parte de un manejo preventivo.

El tratamiento de semillas no reemplaza el manejo integrado del cultivo ni elimina todos los riesgos sanitarios. Es una herramienta que permite reducir determinados riesgos y entregar una capa adicional de protección durante una etapa especialmente vulnerable.

Porque antes de hablar de rendimiento, hay algo que debe ocurrir primero: lograr una siembra uniforme. Y eso comienza con una semilla que germine y emerja de manera adecuada, dando origen a plantas parejas y con las condiciones necesarias para expresar todo su potencial. La protección, entonces, comienza antes de llegar al campo.