Diploides vs. Tetraploides: ¿Cómo elegir la ballica ideal para su sistema productivo?

Rodrigo Bertin A.
Ingeniero Agrónomo
Product Manager Forrajeras
Cooprinsem

La ploidía en una ballica se refiere al número de pares de cromosomas que contienen sus células. En las praderas, esta característica divide a las variedades principalmente en dos grupos: Diploides (2n) y Tetraploides (4n).

Esta diferencia genética no es solo teórica; define el comportamiento agronómico, la morfología de la planta y la calidad nutricional del forraje.

1. Ballicas Diploides (2n)

Tienen dos pares de cromosomas en sus células (el estado natural de la planta). Al tener menos carga genética, sus células son más pequeñas.

Morfología: Hojas más angostas, plantas de menor tamaño y macollos (tallos) más finos.

Macollamiento:Tienen una mayor capacidad de macollamiento en comparación con las tetraploides. Esto significa que producen una densidad de plantas muy alta por metro cuadrado.

Resistencia y Persistencia: Al ser más densas y lograr mayor cantidad de plantas por m2, toleran mucho mejor el pisoteo, daño por plagas, el sobrepastoreo y las condiciones climáticas adversas o suelos de menor fertilidad.

Materia seca: Presentan un menor volumen de agua por célula, lo que se traduce en un mayor porcentaje de materia seca (MS). Como consecuencia, estas plantas muestran una mayor eficiencia en el uso del agua y una menor exigencia hídrica.

2. Ballicas Tetraploides (4n)

Estas variedades se obtienen en laboratorio duplicando artificialmente sus cromosomas, por lo que poseen cuatro pares de cromosomas (4n). Esto provoca que, al haber el doble de material genético, las células de la planta son más grandes.

Morfología: Hojas más anchas, de un color verde más oscuro y erectas. Las semillas también son significativamente más grandes y pesadas.

Calidad nutricional y palatabilidad: El mayor tamaño celular de estas ballicas incrementa la relación entre el contenido celular (azúcares solubles y carbohidratos no estructurales) y la pared celular (fibra). Como resultado, se obtienen praderas altamente digestibles y más palatables, lo que maximiza el consumo voluntario por parte de los animales.

Estructura de la Pradera: Tienen una menor capacidad de macollamiento que las diploides. Producen menos macollos pero de mayor tamaño, lo que da como resultado una pradera menos densa.

Contenido de Agua: Sus células grandes acumulan más agua, por lo que su porcentaje de materia seca en base fresca es menor.

Tamaño de la semilla y dosis de siembra

La variación en el tamaño de las semillas obliga a ajustar las dosis de siembra para asegurar una correcta densidad de plantas. En el caso de las ballicas, esta diferencia está determinada directamente por su ploidía: la semilla de una variedad diploide es notablemente más pequeña y liviana que la de una tetraploide, Como ejemplo se muestra una semilla de ballica perenne diploide y tetraploide como se aprecia en la Imagen 3.

En términos generales, una ballica perenne diploide contiene aproximadamente 415.000 semillas por kilo, mientras que una tetraploide bordea las 305.000 semillas por kilo.

Es importante considerar que estos valores son referenciales, ya que el tamaño y peso de la semilla también puede variar según la variedad comercial y las condiciones climáticas o de cosecha de cada temporada. Entonces las dosis de semilla cuando se siembra una ballica perenne tetraploide debe ser más alta que cuando es diploide para obtener el mismo número de plantas emergidas en un establecimiento de pradera.

Ploidía y endófitos:

Factores determinantes en la susceptibilidad al gorgojo argentino

Una de las plagas de mayor impacto productivo en las ballicas es el gorgojo argentino (Listronotus bonariensis). Actualmente, una de las herramientas más efectivas para su control es la utilización de hongos endófitos. Sin embargo, la eficacia de esta protección no es uniforme: la ploidía de la planta (si es diploide o tetraploide) juega un rol determinante, haciendo que ciertas variedades sean más susceptibles o propensas a sufrir daños ante el ataque de este insecto.

En Nueva Zelanda, país pionero en la materia, ya que también tienen esta plaga en sus praderas, estudian constantemente el comportamiento de los distintos tipos de endófitos frente a las plagas que afectan a las ballicas. A continuación, se presentan los datos más recientes sobre esta interacción.

Respaldado por la investigación neozelandesa

La información proviene directamente de la NZPBRA, la Asociación de Investigación y Mejoramiento de Plantas de Nueva Zelanda (New Zealand Plant Breeding and Research Association). El cuadro 1 resume los resultados de más de 100 ensayos replicados tanto en macetas como en condiciones de campo donde se evaluó el nivel de alimentación de los insectos y el daño resultante en el forraje.

Resumen del control de insectos por endófitos (Temporada 2025-26): Ratificado en diciembre de 2025.

Notas y Leyenda del Cuadro

– Sin control.

+ Control bajo: El endófito puede generar un efecto medible, pero es poco probable que proporcione un control práctico en condiciones de campo.

++ Control moderado: El endófito puede otorgar cierta protección práctica, logrando una reducción de baja a moderada en la población de insectos.

+++ Buen control: El endófito reduce notablemente el daño provocado por el insecto bajo presiones de bajas a moderadas. Sin embargo, se pueden registrar daños si la presión de la plaga es muy alta.

++++ Control muy bueno: El endófito reduce de manera consistente las poblaciones de insectos y mantiene el daño de la pradera en niveles bajos, incluso bajo una alta presión de la plaga.

( ) Resultado provisional: Se requieren más análisis para respaldar esta calificación. Los ensayos e investigaciones continúan en desarrollo.

Consideraciones Específicas:

1 Los endófitos AR37, AR128, CM142, NEA12 y RGT18 controlan las larvas del gorgojo argentino de los tallos, pero no a los adultos. Si bien las larvas causan la mayor parte del daño en praderas establecidas, los adultos pueden dañar severamente a las plántulas de ballica durante la emergencia.

El Cuadro 1 detalla el nivel de control de los distintos endófitos disponibles en el mercado neozelandés y también presentes en Chile, diferenciando su comportamiento en ballicas perennes diploides y tetraploides. Los datos demuestran que, a igual endófito, las variedades diploides logran un control superior. Esto se explica por una condición genética ligada a la ploidía: las ballicas tetraploides son más atractivas para el gorgojo argentino, lo que genera una mayor preferencia de alimentación por parte de la plaga. A esto se suma que, al tener una menor densidad de macollos y plantas por metro cuadrado en las praderas tetraploides el daño provocado por la plaga se vuelve significativamente más crítico.

El impacto de la ploidía en la persistencia de la pradera

La vida útil de una pradera y su capacidad para mantener un número óptimo de plantas a lo largo de los años están estrechamente ligadas a su condición genética y morfológica. Sin embargo, este factor varía según la longevidad esperada del recurso forrajero:

Praderas de rotación (Corto plazo): Cuando se establecen praderas de rotación corta anuales o bianuales diseñadas para maximizar la producción de forraje, especialmente durante el período invernal en comparación con las especies perennes, la ploidía pasa a un segundo plano en términos de persistencia. En este escenario, la elección genética debe basarse estrictamente en el objetivo productivo del potrero:

Enfoque en Pastoreo Directo: Si el destino principal es el pastoreo y, eventualmente, un corte estratégico de conservación de forraje, se recomienda optar por una ballica diploide. Su alta densidad de macollos permite una mejor cobertura del suelo, protegiéndolo y tolerando de manera más eficiente el pisoteo y el pastoreo frecuente.

Enfoque en Conservación de Forraje: Si el objetivo central es la confección de ensilaje o heno, la mejor alternativa es una ballica tetraploide. Sus características morfológicas permiten optimizar la calidad nutricional del forraje cosechado y ofrecen una mayor velocidad de rebrote para asegurar cortes posteriores sucesivos.

En el caso de establecer praderas perennes donde el objetivo es producir forraje de calidad y persistentes hay que considerar estos puntos:

Diploides (Alta persistencia): Su gran capacidad de macollamiento actúa como un “seguro de vida”. Al formar una pradera densa, si un macollo muere por estrés hídrico, pisoteo o plagas, la planta lo reemplaza rápidamente gracias a su alta tasa de macollamiento. Esto da como resultado praderas más rusticas, más tolerantes al sobrepastoreo y con una mayor longevidad a través de las temporadas. También toleran mejor el pastoreo invernal al cubrir más suelo.

Tetraploides (Mayor exigencia de manejo): Al tener menos macollos por planta, la pradera es morfológicamente más abierta y sensible. Si el número de plantas se debilita debido a una sequía prolongada, un pastoreo demasiado severo o por la presión de plagas como el gorgojo argentino que muestra preferencia por este tipo de ballicas, la pradera pierde densidad con rapidez. Al dejar espacios descubiertos, se facilita la entrada de malezas, acelerando la degradación de la pradera y acortando su persistencia si el manejo del pastoreo no es sumamente riguroso.

Mezclas de siembra entre variedades diploides y tetraploides

Una alternativa que se está utilizando masivamente es la siembra combinada de ballicas diploides y tetraploides en un mismo potrero, buscando obtener los beneficios de estos dos tipos de ballicas.

Una vez definida la proporción deseada de plantas en la pradera, el desafío es en buscar la mezcla adecuada y que cumpla con ese objetivo, teniendo claro que un kilo de semilla diploide aporta casi un 35% más de semillas que un kilo de tetraploide. Solo así se evitará que una variedad termine dominando a otra o que no sea la ploidía adecuada para sus requerimiento u objetivo productivo donde al final esta pradera no logra cumplir con el desempeño y duración esperado.

El desafío de la elección de la mezcla en base a sus objetivos.

El éxito al utilizar estas mezclas radica en evaluar, primero, si el potrero a establecer (en términos de fertilidad, profundidad de suelo, clima y manejo) cuenta con las condiciones adecuadas para el potencial de las variedades elegidas.

Para lograr una población óptima en el predio, es fundamental entender que esta decisión no debe ser fija; no existe una receta única que se adapte a todos los agricultores, suelos o climas. La proporción ideal entre plantas diploides y tetraploides debe ser un diseño particular para cada campo, basado en sus propios objetivos y limitantes. Si necesita una mezcla con un objetivo principal de pastoreo no debería ser una opción adecuada una mezcla con una alta proporción de tetraploide si buscamos una pradera con gran persistencia como perenne, es muy probable que no logremos ese objetivo con ese tipo de ballica, lo adecuado sería buscar una mayor proporción de ballica diploide que sería más probable su duración como por ejemplo un 70% Diploide y 30% tetraploide.

Sistemas mixtos con alto nivel de suplementación

En predios principalmente lecheros con sistema de pastoreo directo y suplementación diaria en patio de alimentación, suele presentarse una dificultad común: el consumo extra de forraje dificulta un buen pastoreo, disminuyendo la eficiencia de cosecha de la pradera, dejando residuos no adecuados, ya que las vacas cubren parte de sus requerimientos nutricionales fuera del potrero.

Para contrarrestar este rechazo, es habitual que estos sistemas productivos incorporen praderas con un mayor componente de ballicas tetraploides o utilizan solo ballicas tetraploides , debido a que su alta palatabilidad facilita un pastoreo más uniforme y un residuo óptimo. Sin embargo, esta estrategia introduce una desventaja crítica: se pierde la persistencia y longevidad de la pradera.

Una alternativa estratégica: Mezclas Diploides + Trébol

Una alternativa eficiente, que evita depender exclusivamente de variedades tetraploides o de mezclas con altas proporciones de estas, consiste en establecer ballicas diploides en asociación con trébol (blanco o rosado). Con ello mejora la palatabilidad, estimulando un mejor consumo y pastoreo óptimo, mejora la calidad nutricional y aporta nitrógeno biológico gracias a la nodulación de leguminosas. Su principal desventaja se presenta en predios con praderas muy contaminadas o con historial de malezas de hoja ancha de difícil control como la romaza, donde el uso de herbicidas no selectivos comprometería la persistencia del trébol.

En definitiva, la elección entre ballicas diploides y tetraploides o el diseño de sus mezclas no se trata de buscar una variedad genéticamente superior a la otra, sino de identificar cuál responde mejor a las limitantes y objetivos reales de cada predio.

Conclusiones

Mientras que las variedades diploides ofrecen un “seguro de vida” en términos de persistencia, alta densidad de macollamiento y una fortaleza natural superior frente a plagas como el gorgojo argentino (incluso compartiendo el mismo endófito), las tetraploides destacan en calidad nutricional, palatabilidad y eficiencia de cosecha, solucionando problemas críticos de rechazo en sistemas con alta suplementación. El éxito definitivo no radica en recetas fijas, sino en la capacidad de diseñar la pradera ideal para cada potrero o predio, equilibrando estratégicamente el tipo de ballica, la dosis de siembra para maximizar la rentabilidad y la vida útil del recurso forrajero.