CARLOS WHITE
Gerencia Desarrollo SQMC
El fósforo es un nutriente clave para la producción agrícola; su presencia impacta a los rendimientos y la calidad nutricional de los cultivos, que luego se transforman en alimentos.
Sin embargo, el fósforo, en el contexto actual, es un recurso restringido geopolíticamente y finito. Esto último, debido a que la roca fosfórica, de donde se obtiene dicho recurso, se extrae a un ritmo superior a su formación geológica, lo que es crítico considerando que es la base de los fertilizantes fosforados. Según estimaciones internacionales, las reservas económicamente explotables podrían comenzar a mostrar limitaciones hacia mediados de este siglo.
En este escenario, se hace necesario buscar formas de prolongar la disponibilidad de este nutriente, aumentar la eficiencia de su uso y garantizar la seguridad alimentaria.
Para la producción agrícola, los contenidos naturales de fósforo en su mayoría son limitados, por lo que se hace necesario complementar con fertilizantes minerales fosfatados, que permitan aumentar la concentración y disponibilidad de este nutriente, generando niveles suficientes para producciones adecuadas.
Una vez aplicado al suelo, el fósforo enfrenta una alta reactividad con cationes como aluminio y calcio, que lo inmovilizan y reducen su absorción por parte de las raíces, generando que gran parte del fósforo quede fijado en la superficie y no se distribuya de manera uniforme en el perfil del suelo.
A lo anterior, se suma un contexto de cambios constantes en el mercado mundial de fertilizantes y de presión por lograr una agricultura más sostenible. Es en este escenario donde la eficiencia en el uso del fósforo se hace prioritaria. La estrategia tradicional de aplicar dosis crecientes para elevar los niveles de fósforo disponible (P-Olsen) no garantiza una distribución homogénea ni un aprovechamiento óptimo por las plantas.
La solución se orienta al uso de tecnologías innovadoras, que aumenten la eficiencia, aislando temporalmente al fós- foro de las interacciones con cationes de alta reactividad. Conscientes de este desafío es que SMQC se adelantó a esta problemática y disponibilizó desde hace más de 10 años la tecnología ProP® que permite:
• Mejor movilidad del fósforo en el perfil del suelo.
• Concentraciones de fósforo en solución hasta 8 veces superiores en los primeros 30 cm respecto a fertilizantes convencionales.
• Mayor disponibilidad en etapas iniciales de crecimiento y en condiciones de baja humedad superficial.
• Ajuste de dosis según las condicio- nes específicas de cada suelo, evitan- do dosis altas y mejorando la sosteni- bilidad del manejo.
De esta forma, ProP® no solo mejora la eficiencia agronómica, sino que contribu- ye a un uso racional de los recursos, reduciendo pérdidas y permitiendo que el fósforo aplicado cumpla efectivamente su función en la nutrición vegetal.
Con lo anterior podemos concluir que la fertilización fosfórica del futuro no dependerá solo de la cantidad aplicada, sino de la eficiencia en el manejo de los recursos. Esto implica ajustar la dosis mediante tecnologías que permitan que cada unidad de fósforo sea mejor aprovechada por las plantas, logrando una mayor rentabilidad.
En este escenario, tecnologías como ProP® representan una herramienta estratégica para prolongar la disponibilidad de este nutriente, aumentar la eficiencia de su uso y garantizar la seguridad alimentaria.



