No es novedad que la fase de recría de terneras constituye un gran desafío para los productores lecheros. En esta etapa se pone en juego gran parte de la rentabilidad del sistema, debido al largo tiempo que implica y el costo asociado que tiene sacar adelante los animales de reposición.

Justamente en esta etapa es donde se evidencia qué tan eficiente puede llegar a ser el productor y el indicador clave para medirlo es la edad al primer parto (EPP). De acuerdo a los datos del Control Lechero Oficial de Cooprinsem, la EPP de los predios lecheros es en promedio 28,8 meses. Esta cifra se escapa bastante del óptimo técnico estimado entre 23 y 25 meses (Castagnola, 2012).

Si vamos al detalle, aquellos predios que producen sobre 8000 lt por lactancia la situación es un poco más alentadora, alcanzando los 26,7 meses promedio. Sin embargo, aquellos predios bajo los 8000 lt por lactancia promedian 29 meses.

Los principales factores que afectan la reposición del ganado lechero, y que hacen que el sistema pierda eficiencia son justamente la EPP y la mortalidad en el periodo de crianza-recría.

En este artículo revisaremos cuales son los aspectos a tener presente en la fase de recría (desde el destete al primer encaste), que contribuyen a disminuir la EPP y mejorar la rentabilidad, basándonos principalmente en aspectos de manejo.

1)  Alimentación adecuada

Dentro de la alimentación y nutrición de las vaquillas en el periodo de recría, se deben considerar las cantidades y calidades de los alimentos que serán entregados, aparte de tener siempre a disposición agua fresca y sales minerales.

Tabla 1
Tabla 1.1

Los requerimientos de agua de bebida señalados en la Tabla 1 estarán dados por el peso vivo de la vaquilla y la temperatura ambiental, además de la ingesta de sales y de materia seca. Teóricamente se habla de 3 a 6 litros por cada kg de materia seca consumida.

Se debe proyectar un consumo diario de alimento en base seca (BMS) equivalente al 2,7% del peso corporal a inicios de la recría, disminuyendo gradualmente a un 2,3% cercano al encaste. Los ingredientes a incluir son la pradera y cultivos suplementarios, forrajes conservados (henos, ensilajes de pradera y maíz) de buena calidad nutritiva y digestibilidad, incluyéndolos de manera balanceada en la ración. En la medida que los animales van aumentando en peso, aumentan sus requerimientos para mantención y crecimiento, por lo tanto, las cantidades de materia seca a consumir deben ir siendo aumentadas en el transcurso del tiempo, de manera de no frenar la ganancia diaria de peso (GDP). Los concentrados deben ser entregados de manera estratégica para corregir las potenciales deficiencias de energía y proteína en épocas de baja oferta de pradera, considerando los costos totales de la ración, de manera de hacer eficiente la recría.

Las raciones entregadas a las vaquillas deben asegurar un adecuado balance entre la cantidad y concentración de energía, proteína y fibra. La concentración energética de las raciones entregadas a las terneras al inicio de la recría debe ser de 2,3 Mcal de EM/kg MS, y de 2,15 Mcal/kg MS al final de la recría. La concentración de proteína cruda debe apuntar a 16 a 17%, llegando a 14,5 a 15% en BMS a fines de la recría. La concentración adecuada de FDN va desde 39% a 44%  en BMS a inicios y fines de la recría, respectivamente.

Especial cuidado debe tenerse con la sobreoferta de concentrados altos en carbohidratos no fibrosos y almidón, ya que inclusiones bruscas o las disparidades en el consumo pueden generar cuadros de acidosis.

2)  Monitoreo de ganancia de peso

Una de las metas productivas en la fase de recría es lograr peso al encaste que sea equivalente al 55% del peso vivo adulto. Por ejemplo, en una vaca de 600 kg, nuestro objetivo será encastarla a los 330 kg de peso. Desde el destete al encaste van a pasar al menos 12 meses en que debemos chequear que está sucediendo con el peso de estos animales. Para ello el uso estratégico del pesaje es una herramienta esencial cuando necesitamos saber si esas vaquillas van por buen camino. En esta fase se apunta a 0,75 kg/diarios de ganancia de peso.

Si no es factible pesar, el uso de huincha métrica también es de utilidad para tener una referencia de los kilos logrados.

3)  Manejo sanitario preventivo

Generalmente, la fase de recría se desarrolla en el exterior, donde se rotan animales en crecimiento en los mismos potreros por años.  En aquellos potreros la carga de huevos y larvas de parásitos es altísima, lo que significa un riesgo de infestación inminente para los animales que llegarán a pastorear.

La diarrea parasitaria es una de las enfermedades más frecuentes de terneros en pradera. Frente a ello, se debe tomar una postura preventiva, que permita anticipar los problemas y no sólo reactiva cuando ya tenemos el “incendio declarado”.

Frente a diarreas en potrero, es recomendable tomar muestras de fecas para solicitar un coproparasitario al laboratorio y conocer cuáles son los parásitos y la cantidad presente, para luego decidir qué producto antiparasitario elegir (molécula, duración) y cómo aplicarlo para facilitar el manejo (inyectable, oral, pour on).

El manejo sanitario también contempla la prevención de enfermedades a través del uso de vacunas, principalmente contra neumonía y enfermedades clostridiales (mancha). Estas serán necesarias en la medida que la presentación de estas enfermedades justifiquen su uso en el rebaño (morbilidad, baja de peso y/o mortalidad).

Muchas veces el envío de terneras a potreros lejanos, hace bajar su observación rutinaria facilitando el avance de algún problema y cuando recién se toman acciones, ya es demasiado tarde y los animales han perdido condición corporal que es muy costoso recuperar.

4)  Loteo de animales

Es recomendable mantener un número de animales que sea práctico de manejar. Cuando el número es muy elevado, la capacidad de observación individual disminuye y puede pasarse por alto alguna ternera enferma. Así también, el lote debe ser homogéneo en tamaño para lograr consumos parejos entre terneras y disminuir competencia por alimento concentrado en comederos. El espacio de comedero es un punto relevante, por lo tanto, debe permitir que todas las terneras tengan la oportunidad de acceder al comedero al mismo tiempo.

5)  Ejemplo comparativo de recría adecuada y deficiente

Vamos a simular el comportamiento de la ganancia diaria de peso (GDP; kg/animal/día) de 2 grupos homogéneos de terneras recién destetadas, luego de una crianza exitosa (100 kg de peso vivo a los 90 días). Un grupo (“recría adecuada”) sometido a manejo nutricional con un uso estratégico de concentrado con el fin de obtener una GDP que les permita alcanzar el peso objetivo de encaste a los 14 meses de edad. El otro grupo (“recría deficiente”) es sometido a una ración sin uso de concentrados, con ofertas de pradera algo más bajas y suplementadas con forrajes conservados.

Tabla 2

En la Tabla 2 se muestra el desempeño de los grupos a lo largo de la recría de acuerdo a la disponibilidad de pradera y a las condiciones climáticas. Se puede observar en este ejercicio que las vaquillas de la “recría adecuada” alcanzan el peso de encaste a los 14 meses de edad, con GDP que van entre 0,677 a 0,697 kg/día. Sin embargo, el grupo “recría deficiente” lo logra recién 6 meses después con GDP del orden de 0,309 a 0,548 kg/día, que usualmente es observada en algunos predios y tiende a ser vista como “normal”.

Tabla 3

Al final del ejercicio, se concluye que para el caso del grupo recría deficiente se usaron 748,3 kg de MS adicionales por vaquilla (+44%) en relación al grupo recría adecuada, explicada por un mayor tiempo que los animales tardaron en alcanzar los 330 kg de peso vivo propuestos como meta. La diferencia en costos de alimentación fue de $25.346 (+9,4%) mayor en el grupo recría deficiente, acortando esta diferencia la no inclusión de concentrado (Tabla 3).

Es muy relevante destacar el efecto negativo que podría tener la no inclusión de concentrado durante la recría, especialmente cuando los forrajes no tienen una calidad y tamaño de picado adecuado. Al no usar concentrado, si bien, el costo de la ración diaria disminuye, se alargan los días en que las vaquillas se encuentran en la fase de recría. En la Tabla 4 se puede apreciar que las vaquillas del grupo “recría deficiente” necesitan de 3,25 kg adicionales de MS para aumentar en 1 kg su peso vivo, y junto a ello el costo por cada kg de peso ganado aumenta $110,2 en relación al grupo recría adecuada. En este sentido el pretender ahorrar en concentrado implica aumentar el costo en alimento para lograr la meta de peso objetivo, por tanto, a la larga no es un ahorro.

Cabe mencionar que para ambos ejemplos se incluyó un ensilaje de pradera de una calidad levemente mayor al promedio (Tabla 2) en relación a los que comúnmente se entregan a animales que no están produciendo leche. Si se incluye en el grupo “recría deficiente” un ensilaje de menor calidad nutritiva, los resultados podrían ser menos alentadores.

Suponiendo que en ambos grupos se ejecuta el primer servicio inmediatamente después de cumplir el peso objetivo de 330 kg para el ejemplo dado, asumiendo además una alta Tasa de Preñez (TP) de 49%, se produciría el primer parto a los 24,6 y a los 30,6 meses, para los grupos “recría adecuada” y “deficiente”, respectivamente, o bien a los 25,3 y a los 31,3 meses, si se asume una TP de 30%. Sería probable, que en el grupo de “crianza deficiente” se obtenga una baja TP, debido a que esta depende de la eficiencia de detección de celo (TDC) y la tasa de concepción (TC), particularmente si las vaquillas se encontraran en otro predio con menos personal, dificultando la detección de celos.

Por otro lado, si un agricultor tiene un sistema más estacional de partos, donde sus épocas de partos vayan de la mano con un aumento en la oferta y tasa de crecimiento de la pradera, para el caso del grupo “recría deficiente” si se ejecuta el primer servicio inmediatamente al alcanzar el peso vivo objetivo, la fecha probable de parto sería a mediados del mes de marzo o a inicios de abril, por lo que gran parte de la alimentación podría depender de forrajes conservados, aumentando por un lado los costos de alimentación, y por otro lado no reflejándose el potencial productivo si los forrajes conservados fueran de una calidad inferior en relación a la pradera. Si por ejemplo, las fechas probables de parto se produjeran en verano o en pleno invierno, es probable que el agricultor decida esperar un tiempo más para cubrir sus vaquillas, para hacer coincidir sus partos con una mayor oferta de pradera, aumentando aún más la edad al primer parto y los costos en alimentación durante la recría. Para este mismo ejemplo, en cambio, en el caso de la “crianza adecuada” los partos se producirían entre mediados de septiembre y principios de octubre, coincidiendo con mayores ofertas de pradera, aumentando los litros producidos por las vaquillas en su primera lactancia y disminuyendo los costos de alimentación en las raciones ofrecidas.

Otro aspecto importante a considerar a partir de este ejercicio es el costo de oportunidad en producción de leche. Si suponemos que el primer parto de las vaquillas del grupo “recría adecuada” se produce 6 meses antes que en el grupo “recría deficiente”, y proyectamos una producción promedio de 18 litros por vaquilla/día en la primera lactancia, con un precio pagado a productor de $300/litro, se estaría dejando de percibir por vaquilla del grupo “recría deficiente” la suma de $988.200. Es aquí donde aumenta más la brecha entre hacer las cosas bien y pretender ahorrar en concentrado. Si bien la brecha entre los costos de alimentación entre grupos ejemplificados fue de sólo $25.346/vaquilla (+9,4% en el grupo “recría deficiente” vs “recría adecuada”), debemos sumar a la diferencia por concepto de alimentación el mencionado costo de oportunidad en producción de leche.

Un parámetro que a veces no es considerado es la necesidad de reemplazos para mantener un rebaño lechero en un número constante de animales.

Se ha observado, por ejemplo que niveles de eliminación de reemplazos (desde el nacimiento a la recría) superiores al 13% y edades al primer parto mayores a 27 meses se hace complicado mantener el tamaño del rebaño. Para el propósito de sólo mantener un determinado número de vacas en el rebaño se haría necesario, en el caso del grupo “recría deficiente” la compra de vaquillas. Hoy en día se habla de aproximadamente $950.000 a $1.200.000 por cada vaquilla comprada, aumentando aún más los costos de reposición.

Llama la atención que un simple manejo como dar concentrado de manera estratégica y entregar una ración balanceada a animales en recría puede marcar una gran diferencia en el retorno económico al agricultor. El desear disminuir los costos en alimentación y manejo de las vaquillas puede tener efectos impresionantemente negativos en la rentabilidad del negocio lechero sobre la mantención del rebaño, la producción vitalicia de las vacas y el dejar de percibir ingresos por concepto de venta de leche a planta cercanos a $1.000.000 por vaquilla.

En este ejemplo no se incluyeron los costos fijos, el costo de las construcciones y de mano de obra, por lo tanto los resultados podrían llegar a ser menos alentadores al hacer una recría deficiente.

Comentarios finales

–  Se debe dar una mayor importancia a la recría, considerando ofrecer buena calidad de alimentos, mayor supervisión en potrero,  control de peso estrategico, así como aspectos de manejo sanitario, de manera de optimizar los costos y mejorar la productividad de las futuras vacas.

–  El uso estratégico de concentrado y el adecuado balance de las raciones (pradera, concentrado, forrajes conservados de buena calidad, sales minerales), si bien podrían generar un mayor costo de alimentación por animal día, en el largo plazo se traducen en un importante ahorro para el agricultor.

Cuadro 1

Referencias bibliográficas

  • Heifer feeding and nutrition https://www.dairynz.co.nz/animal/heifers/heifer-feeding-and-nutrition/#:~:text=Nutritional%20requirements%20of%20heifers&text=Heifers%20should%20be%20fed%20diets,adequate%20minerals%20and%20water%20provision.
  • Olivares, M., Moreira, V y C. Muñoz. 2012. Estudio: Identificación de factores relevantes para el crecimiento del rebaño lechero nacional. Consorcio Lechero. Valdivia, Chile (52 pp).
  • NDS Professional (CNCPS 6.5.5) Software.

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