En el complejo sistema de manejo de los frutales, donde intervienen distintas labores, como poda, raleo de frutos, uso de reguladores de crecimiento, control del vigor, promoción de ramificación, etc., el productor, tiende, en general, a pensar que la nutrición es una de las más simples y de fácil definición, sobre todo porque lo que hace tradicionalmente funciona más o menos bien. Sin embargo, en la práctica no todo es tan claro y sencillo, existiendo puntos críticos que dificultan la implementación de un programa que integre el óptimo productivo, económico y de cuidado del medio ambiente. Anualmente, los productores deben definir el programa nutricional para sus frutales y considerar el costo de esta labor en el presupuesto anual de producción dado el progresivo aumento de la participación de la nutrición en el costo productivo.

Hoy las condiciones productivas se caracterizan por:

a. Alto costo de la mano de obra y con tendencia al aumento, lo que impacta especialmente, al manejo tradicional y sus utilidades, requiriéndose innovación en mecanización de muchas de las labores agrícolas.

b. Incremento sustancial en los costos de los fertilizantes, dado el impacto del precio del petróleo en la producción y transporte de los mismos.

c. Aumento de las exigencias internacionales, que obligan a la implementación de una fertilización responsable con el medio ambiente, destinada a disminuir principalmente la contaminación de los suelos y aguas subterráneas.

d. Mayores costos por certificaciones de calidad y buenas prácticas agrícolas en los procesos productivos.

En este escenario, la motivación a realizar un óptimo programa de fertilización es cada vez mayor. Así, mientras algunas empresas utilizan, desde principios de la década del noventa, el análisis secuencial, otras sólo toman una muestra de análisis foliar en el ciclo; también existen aquellos que estiman su fertilización en forma absolutamente empírica.

Definición de un programa fertilización

Para realizar un óptimo manejo nutricional en frutales he implementarlo, se deben realizar análisis de suelo y agua de riego. Una vez en producción, debe testearse la evolución de los contenidos de nutrientes en el suelo y en la planta (análisis foliares) y llevar registro de las producciones obtenidas en cada temporada. Este procedimiento se puede observar en el esquema 1.

Antes de determinar la dosis de fertilización para un frutal es importante evaluar dos aspectos fundamentales: la fertilidad física del suelo y el manejo del riego. De no encontrarse en sus óptimos, afectarán el desarrollo del árbol, de tal manera que la fertilización tendrá muy poco efecto sobre el rendimiento y la calidad de la fruta.

Condiciones físicas del suelo

La calidad de un suelo para el crecimiento de un frutal depende de las condiciones físicas del suelo, también llamada “fertilidad física”, en la cual uno de sus componentes principales es la resistencia mecánica de los suelos o grado de compactación. Aun con una excelente preparación de suelo en la etapa de preplantación, los suelos van perdiendo su fertilidad física, generando problemas a nivel de planta, lo que repercute directamente en los rendimientos y sobre todo en los costos de producción, pues muchos productores invierten en soluciones de dudoso éxito, tales como, mayor cantidad de fertilizantes, uso de bioestimulantes, nematicidas, mejoradores de suelo, calcio, etc., en vez de atacar el problema base, que se relaciona con la pérdida de las óptimas condiciones físicas. (Nolting, 1976). Se han determinado a traves de diferentes estudios un impacto negativo de la compactación del suelo sobre el desarrollo del sistema radical (foto 1), afectando indirectamente la absorción de nutrientes y la disponibilidad de agua, a través de cambios fisiológicos y metabólicos fundamentales en el desarrollo de las raíces y la parte aérea del árbol. Según Bennie (1996), los efectos detrimentales de la mayor resistencia mecánica sobre el crecimiento de la planta se pueden verificar como:

  • a. Disminución de la materia seca de la parte área en varias especies.
  • b. Reducción en la absorción de nutrientes, principalmente fósforo y potasio, por ser poco móviles en el suelo, pero también de calcio, nitratos y microelementos, como hierro, manganeso y cinc.
  • c. Disminución de la tasa de transpiración, debido a una menor densidad y largo de raíces y, en consecuencia, menor agua disponible para la planta.
  • d. Reducción de la producción, por incremento del estrés hídrico y nutricional. e. Incremento de ataques de enfermedades o parásitos, por confinamiento de las raíces a un menor volumen de suelo.

Por lo tanto, antes de optimizar un programa de fertilización, para que el árbol frutal desarrolle todo su potencial, es importante hacer todos los esfuerzos para disponer de un suelo suelto, no compactado.

Manejo del riego

Una vez solucionado el problema de la compactación, el criterio de riego empleado en un frutal pasa a ser el principal factor que afectará la respuesta del cultivo al programa de fertilización utilizado. El productor debe asegurar un uso eficiente y racional del agua de riego, para lo cual es fundamental que permanentemente se pregunte ¿cuándo, cuánto y cómo regar?. Así, el riego inadecuado, ya sea por exceso o por déficit, afectará en forma importante el resultado de la fertilización. El riego en exceso provoca disminución de la disponibilidad de oxígeno en el suelo, lo que se traduce en una menor cantidad y calidad de raíces, cierre de estomas, inhibición de la fotosíntesis y del transporte de hidratos de carbono; además se produce percolación profunda y lavado de fertilizantes. El déficit causa menor crecimiento de raíces y muerte de ellas, cierre de estomas y menor transporte de nutrientes, con una inhibición del desarrollo de la planta.

Aspectos relevantes para la implementación de un programa

Una vez solucionados los problemas de compactación y de riego, se debe enfrentar la tarea de diseñar el programa de fertilización. Para ello, la observación permanente de los árboles en el campo es irreemplazable (vigor, tamaño de hoja, crecimiento de la fruta, desarrollo de color, etc.), lo que debe ser complementado con la cuantificación de algunas variables del cultivo, como por ejemplo, intensidad de poda, carga inicial de frutos, intensidad de raleo, producción, distribución de calibres, etc. Sin embargo, hay que evitar que la observación de la sintomatología visual se transforme en la única herramienta de diagnóstico para evaluar programas de fertilización o como indicador de los cambios anuales que hay que realizar. La estrategia debe consistir, en una primera instancia, en la realización de análisis de suelo y agua de riego, corregir los niveles de nutrientes en el suelo y, finalmente, estructurar el programa anual en función de la producción de fruta deseada. En este punto, el productor debe poner énfasis en la diferencia de productividad entre las variedades, todo esto debe ser complementado con el análisis foliar tradicional. La primera guía es la analítica del agua de riego, por medio de la comparación de los valores de laboratorio con estándares de las especies, lo que permite detectar probables déficits, excesos, desbalances, antagonismos, problemas específicos, etc.

Normalmente, los problemas más evidentes en la agricultura son los que provocan las aguas de riego con altas concentraciones de algunos elementos, tales como sodio, cloro, boro, generando toxicidades e importantes desbalances en las plantas. Comentarios adicionales merecen algunos valores que pueden arrojar los análisis de agua.

Dosis de corrección de  nutrientes

En general, existe una vasta información disponible acerca de los fundamentos de la analítica de suelo y el agua de riego, del comportamiento químico de los nutrientes en el suelo y de los factores que afectan su disponibilidad para la planta. Sin embargo, se debe entender que aún no existe un mecanismo exacto que permita definir la cantidad de fertilizante requerido para suplir el déficit que señala el análisis de suelo, lo que obliga a utilizar las metodologías propuestas teniendo conciencia de que hay un margen de error. La experiencia muestra que la determinación de la dosis de fertilización a través de estos métodos requiere, sí o sí, que se validen en el tiempo observando el comportamiento de la especie frutal.

Lo rescatable de hacer el esfuerzo de implementar una metodología que define una cantidad determinada y cuantificada, fruto del análisis de parámetros medibles, es que frente al comportamiento productivo (rendimiento y calidad) y el análisis foliar, los cambios de los programas podrán tener un mayor grado de control y responder a un análisis coherente y, en gran parte, medible, permitiendo evaluar los cambios en el tiempo. De lo contrario, las alteraciones de los programas de fertilización responderán a un análisis subjetivo, basado solamente en la mera intuición.

Un concepto importante de entender, se refiere a la “eficiencia de recuperación del nutriente aplicado al suelo”, lo que afecta directamente el costo financiero de implementar un programa de fertilización. Esta eficiencia variará dependiendo del sistema de riego, de la calidad operacional del sistema presurizado, fijación del elemento en el suelo, no quedando disponible para la planta, riesgo de pérdida por lixiviación, etc. Hirzel (2008) propone una escala de eficiencia basado en lo señalado por varios autores.

Dosis de corrección calculada a partir de un análisis de suelo

Otro enfoque para la determinación de la dosis de corrección, o a la de base (antes de la implantación), es su abordaje desde lo que señala el análisis de suelo. Con este objetivo, Hirzel (2008) propone fórmulas que pueden ser utilizadas para estimar la la dosis de fósforo (P) y potasio (K), según las condiciones de suelo de cada zona.

Para fósforo se propone:

  • Dosis de P2O5 para corrección de P (kg/ha) = (Déficit x Prof. x DA x 10) / Efc donde:
  • Déficit = (Valor adecuado – Valor de la muestra), en mg/kg (ppm).
  • Prof. = Profundidad de muestreo u horizonte del suelo (m).
  • DA = Densidad aparente (g/cm3 = t/m3). 10 = Factor de corrección de unidades.
  • Efc = Eficiencia de corrección del nutriente, equivalente al incremento de la concentración del nutriente en el suelo frente a la aplicación de dosis crecientes del mismo nutriente o de alguno de sus estados oxidados.

Sin embargo y tal como lo propone Hirzel (2008), se debe revisar el nivel de P sugerido como adecuado, pues en condiciones de cultivo de la zona sur de Chile, no se han observado deficiencias, ni disminuciones de la productividad con valores menores a 15 ppm P2O5 por Olsen (6.5 ppm Po). Esta situación sugiere una capacidad de las especies frutales para absorber P nativo desde el suelo, en aquellas condiciones en las que la concentración de P disponible es baja.

Para calcular la dosis de K2O en la corrección del K (kg/ha) y que no ocurra un desequilibrio con las demás bases de intercambio, se recomienda realizar un cálculo previo para el componente de la fórmula, denominado “déficit del elemento”. Así:

  • (A) Déficit de K (mg / kg) = CIC x (% de déficit / 100) x 390 (mg de K / cmol).
  • (B) Dosis de K2O para corrección de K .(kg/ha) = (Déficit x Prof. x DA x 10) / Efc.

Corrección la acidez del suelo y toxicidad por aluminio

Una de las opciones más usadas para corregir la toxicidad por Al consiste en la neutralización de la acidez del suelo a través del encalado. Sin embargo, el encalado del suelo es la práctica más utilizada y corresponde a aplicación de materiales de reacción alcalina (usualmente óxidos, hidróxidos y carbonatos de Ca y/o Mg) con el objetivo de aumentar el pH del suelo, y consecuentemente, precipitar al aluminio en un compuesto insoluble, eliminado su efecto tóxico para las plantas. Por lo tanto, esta práctica permite disminuir el nivel de Al disponible del suelo, aunque su efectividad está limitada a la capa superficial del suelo. La dosis de encalado debe ser diseñada cuidadosamente en cada caso, según el tipo de suelo y la tolerancia a la toxicidad por Al del cultivo, ya que la aplicación de dosis de encalado excesivas (sobreencalado) puede provocar limitaciones a la producción vegetal, debido a la generación de deficiencias, particularmente de Magnesio (Mg), Zinc (Zn), Boro (B) y Hierro (Fe). La dosis de encalado a aplicar dependerá de la diferencia entre el pH inicial del suelo y el pH a alcanzar, y la capacidad tampón del suelo:

  • Dosis encalado = (pH alcanzar – pH inicial) / CTpH donde, Dosis encalado: dosis de encalado expresada en t ha-¹ de carbonato de calcio puro (CaCO3) en los primeros 20 cm de suelo.
  • pH inicial: pH del suelo medido en agua en el análisis de suelo.
  • pH a alcanzar: pH del suelo a alcanzar con el encalado.
  • CTpH: capacidad tampón de pH del suelo (unidades pH/ t CaCO3).

El pH a alcanzar se define en un valor en que la disponibilidad de Al no limita la productividad del cultivo.

La capacidad tampón de pH (CTpH) corresponde a la resistencia del suelo a cambiar su pH. En suelos “trumaos”, el valor de este parámetro es mayor a la de otros suelos del país, siendo su valor 0,12 unidades pH/ t CaCO3, lo que significa que la aplicación de 1 t CaCO3 (puro) en los primeros 20 cm de suelo producirá un aumento de pH de 0,12 unidades de pH (por ej., desde pH 5,20 a 5,32). En suelos “rojo arcillosos”, la capacidad tampón de pH es de 0,15 unidades pH/ t CaCO3. La incorporación de la enmienda calcárea a esta profundidad (20 cm) solo es posible previo al establecimiento del huerto. En el caso de huertos establecidos, es importante indicar que las aplicaciones en cobertera neutralizarán la acidez solo en los primeros centímetros de suelo, debido a la baja movilidad de Ca en el suelo.

Si los cálculos determinan importantes dosis de corrección, se sugiere realizar un plan de recuperación de los niveles en 2 ó 3 años, realizando un gasto racional en la corrección de este elemento, de manera de no provocar problemas de exceso de sales, producto de la fertilización, y racionalizar el gasto en que se debe incurrir.

En resumen, el análisis de suelo permite corregir los déficits de nutrientes, llevando los niveles a los óptimos que requiere el árbol para desarrollarse en la temporada de crecimiento y balanceando elementos como Ca, Mg y K. Una vez corregidos los déficits, se procede a definir la estrategia de fertilización anual, la que debe determinarse en función de la extracción de la fruta, pues ésta debe procurar reponer la extracción de la fruta que es vendida y que sale de la unidad productiva. Si bien se pueden considerar como pérdidas solamente lo consumido por la fruta, es importante evaluar año a año las pérdidas desde el suelo, debido a exceso de riego, especialmente en suelos sueltos y muy permeables, por lo que se aconseja realizar un análisis de suelo anualmente.

Después del encalado, el pH del suelo debiera monitorearse mediante análisis de suelo cada 3 a 4 años para definir el momento y cantidad de un “encalado de mantención”, cuyo objetivo es mantener el pH y la disponibilidad de Al en el rango óptimo.

Se puede concluir que la dosis de corrección para nutrientes distintos a N se calcula de acuerdo a la siguiente ecuación:

  • DosisC = (Sum_Alc – Sum_Actual) / fEfic_Nte donde, DosisC: dosis corrección del nutriente en estudio (kg ha-¹).
  • Sum_Alc: suministro a alcanzar con la fertilización de corrección, y que corresponde al nivel crítico definido para cada nutriente (mg kg-¹ P-Olsen para P; mg kg-¹ K intercambiable para K; mg kg-¹ S extractable para S).
  • Sum_Actual: suministro actual evaluado a través de análisis de suelo (mg kg-¹ P-Olsen para P; mg kg-¹ K intercambiable para K; mg kg-¹ S extractable para S).
  • fEfic_Nte: factor de eficiencia de fertilización de corrección del nutriente en estudio (mg kg-¹/kg ha-¹).

Para ver finalmente un programa de fertilización se tomará el ejemplo de una plantación de arándanos productivos, por lo cual se deben tomar los siguientes parámetros descritos a continuación.

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