Trastorno Metabólico, enemigo silencioso, es mejor y más fácil prevenirlo que sufrir las consecuencias y tener pérdidas económicas en el rebaño lechero.

Al comienzo de sus lactancia, las vacas lecheras experimentan una marcada carga metabólica debida al balance energético negativo presente, lo que las hace  más susceptibles a presentar enfermedades infecciosas y metabólicas. Es posible ver desplazamiento de abomaso, retención de placenta, quistes ováricos, aumento de RCS y metritis, como así también hipocalcemia. Esto posteriormente se traducirá en menor producción de leche, baja tasa de fertilidad, etc., lo que deriva en pérdidas económicas.

La Cetosis es un trastorno metabólico que afecta a las vacas lecheras no sólo  de alta producción en las primeras  semanas de lactancia, cuando la mayor demanda de glucosa y ácidos grasos para la producción láctea, sumados a la disminución del consumo de materia seca produce un Balance Energético Negativo (BEN).

Es un desorden metabólico relativamente frecuente en vacas lecheras, debido a que cuando la vaca utiliza sus reservas de grasa corporal para proporcionarse energía y, al quemarla en exceso, se producen grandes cantidades de cuerpos cetónicos que se acumulan en sangre.

Se presenta normalmente entre las 2 a 8 semanas post-parto, siendo más común dentro de las 3 primeras semanas de lactancia y es muy poco probable observarla en otras etapas de lactancia.

Todas las teorías sobre las causas de cetosis se centran en los factores que pueden provocar hipoglicemia, ya sea por un aporte de energía insuficiente, por un exceso de gasto, o por una incapacidad del organismo de proporcional glucosa utilizable.

La Cetosis, como todos los procesos biológicos, puede ocurrir con distintos niveles de gravedad. Causando una reducción en el rendimiento de la lactancia de hasta menos 350 – 400 Kg de leche /vaca/lactancia.

Clasificación de la Cetosis

  • Clínica, cuando transcurre con síntomas como descenso de la producción de leche (o una producción por debajo de lo esperado), una reducción del consumo de materia seca, una exagerada pérdida de peso, disminución de la eficiencia reproductiva, y olor característico (a acetona) del aliento de la vaca, pueden llegar a presentar signos nerviosos (lamerse vigorosamente) y una aparente ceguera.
  • Subclínica, si los niveles de cuerpos cetónicos circulantes no son lo suficientemente elevados para inducir cambios detectables a nivel de predio.

A nivel mundial la prevalencia de la cetosis subclínica fluctúa entre un  8,9% a 34% en vacas durante los primeros 2 meses de lactancia, mientras que la incidencia de cetosis clínica varía entre  2% a 15%. Se ha visto que el riesgo aumenta con los aumentos en la producción de leche y  grasa láctea. Se estima que una reducción del 1% en la incidencia de cetosis subclínica equivaldría a un aumento de ingreso 584 dólares por vaca por año.

A medida que la industria lechera continúa exigiendo y pagando por sólidos lácteos, los productores se esfuerzan por mejorar su genética ,buscando aumentar

la grasa y proteína láctea, y así poder optar a un  mayor precio por la leche producida. Se pueden esperar aumentos a largo plazo en la incidencia de cetosis si la selección genética se basa únicamente en aumentar los parámetros: producción de leche y grasa láctea.

Las estrategias de prevención que logren reducir la incidencia de cetosis tanto clínica como subclínica, manteniendo altos niveles de producción de leche serán beneficiosos tanto para el productor como para planta lechera.

La clave para poder mantener controlada la Cetosis, está en realizar un buen manejo del preparto, en monitorear y diagnosticar a tiempo, para poder tomar medidas y reaccionar en forma rápida.

En el mercado hay una gran variedad de test de Cetosis en orina y leche, fáciles de interpretar y económicos. Si bien estos test son una buena herramienta de diagnóstico, no superan la sensibilidad y especificidad del test de Beta-Hidroxibutirato (BHB), el cuerpo cetónico mayoritario y mas estable. Por estas características es el método más indicado para determinar el grado de cetosis subclínica en vacas lecheras.

La detección de BHB en leche es una buena herramienta y permite tomar decisiones a nivel de rebaño. Se puede considerar que una vaca es negativa a cetosis subclínica cuando los niveles de Betahidroxibutirato en leche son menores a 0,15 mmol/lt y positivas con valores mayores a 0,2 nmol/lt. Esta medición se debe realizar los primeros 60 días de lactancia. El Laboratorio de Control Lechero Oficial de Cooprinsem incorpora en el reporte mensual  el análisis de BHB de las muestras de leche individuales, es una muy buena herramienta para que tanto el productor, como el asesor puedan tomar decisiones correctivas, de ser necesario.

La otra forma de monitorear el rebaño, es a través de una muestra de sangre,  si los niveles de ácidos grasos libres son mayores a 3 mmol  indican riesgo de desarrollar cetosis clínica.

El objetivo del productor debe ser prevenir  antes que el problema sea evidente.Para esto debe preferir productos que contengan varios agentes activos que trabajen juntos para garantizar una función hepática mas eficiente y lograr reducir el riesgo de cetosis clínica y subclínica.

Los agentes activos más comunes son la colina y metionina, ambas trabajan juntas para eliminar el exceso de grasa del hígado y transportarla a la ubre para ser excretada a través de la leche.

Sin embargo, el hecho de eliminar el exceso de grasa del hígado para excretarlo en la leche, no soluciona el mayor  problema de la cetosis, que son los bajos niveles de glucosa circulantes.

En la vaca, y debido a su presentación en sangre como un ácido graso libre circulante, la grasa corporal movilizada se convierte más fácilmente en el hígado en glucosa que la grasa del alimento.

La metabolización de esta grasa corporal puede potenciarse mediante la L-carnitina, que facilita la transferencia de ácidos grasos libres a las mitocondrias, donde la Niacina ayuda a convertir estos ácidos grasos libres en glucosa. Los niveles más altos de glucosa circulante afectan los niveles de insulina, lo que ha su vez reduce la movilización de grasas, lo que reduce la presión sobre el hígado para metabolizar los ácidos grasos libres. Por lo tanto, para proteger a las vacas contra la cetosis se debe asegurar que el hígado de sus vacas este sin depósitos de grasa, lo que permitirá maximizar la producción de glucosa.

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