lunes, marzo 18, 2019

Conociendo a Nuestros Cooperados: Eugen Roth Schleyer

Ingeniero temuquense nacido el 20 de Octubre de 1952. Hijo de Karl y Viola. El menor de siete hermanos. Su padre llegó de Alemania y su mamá es tercera generación chilena. En 1880 llegó su bis abuelo materno, Juan Schleyer, a trabajar a esta zona, quién tuvo 13 hijos, uno de ellos fue su abuelo Carlos Schleyer. Viola Schleyer hereda y a su vez ella le hereda a sus siete hijos. Dice con convicción: “aún sin la reforma agraria, la herencia habría repartido la tierra y naturalmente se irían achicando las unidades de superficie, no
era necesario acelerarlo perjudicando la producción y rentabilidad en el país.” Casado con
la descendiente de suizos; Liselotte Meier, en 1985. Cinco hijos, tres nietos. Su única hija mujer es la más interesada por el trabajo agrícola.

Gerente de la “Hacienda Freire Silvoagraopecuaria Ltda.”, una empresa familiar que tiene
sus raíces en la llegada del colono inmigrante, el bis abuelo Juan Schleyer Brand, quién como muchos colonos en esa época, adquiere un predio a través de remates que el Gobierno realiza con el fin de que se aniden agricultores en La Araucanía.

Estudia en el Colegio Alemán de Temuco y realiza el treceavo año en la Goethe Schule en Buenos Aires, aprobando el bachillerato alemán, luego estudia en la Universidad Técnica de
Darmstadt, Alemania, donde se recibe de Ingeniero Civil Industrial. Agrega un post grado en contabilidad agrícola en Stuttgart-Hohenheim, después vuelve a Temuco. Junto con su hermano Uwe, (Q.E.P.D) y unos amigos, funda en 1981 “Agro Forest Service Chile”, la que presta servicios de asesoría agropecuaria, forestal y contabilidad analítica. Fue cofundador de Surlat Industrial y su presidente durante 7 años. Señala que fue duro competir con las grandes transnacionales.

Actualmente, como productor lechero, pertenece a Aproleche Temuco. Señala que una de las problemáticas fundamentales del sector lácteo chileno son las importaciones de productos lácteos, especialmente cuando hay sobre stock en el mundo y se interna a Chile
a costo, dumping. En este momento el gremio está realizando gestiones para solicitar una
salvaguardia ante lácteos importados que han aumentado sus importaciones en forma sustancial. Opina que si bien una salvaguardia podría ayudar, estas son aplicadas a destiempo y duran poco, produciéndose un daño económico de todas formas. Piensa que el mejor instrumento serían los aranceles compensatorios. Chile debería tener un organismo
independiente, con especialistas técnicos y económicos, no con delegados ministeriales que votan políticamente decidiendo si existe o no una distorsión. Este organismo debe monitorear constantemente productos importados, detectando si en sus países de origen son subsidiados y/o si su internación ocurre bajo costo dumping. Ello sería compatible con la teoría económica y varios países funcionan bajo este precepto. Un sistema de aplicación de aranceles compensatorios cuando correspondan, bien diseñado, es lo que el país necesita, porque las salvaguardias son “pan para hoy y hambre para mañana”. Opina que hay que sensibilizar a todos los sectores para trabajar esta línea.

Hacienda Freire ingresó con Eugen Roth a Cooprinsem en abril de 2015 y dice haberlo hecho porque constituye una cooperativa que se formó virtuosamente, con mucha dedicación y disciplina, lo que llevó a su actual status exitoso de empresa de servicios para la actividad agropecuaria en el sur del País.

Hoy, Eugen Roth sigue frente a la Hacienda Freire junto a dos hermanos y dos sobrinos socios,en 550 hectáreas dedicadas al área lechera y forestal, disfrutando de esta labor junto a su esposa, hijos y nietos.

Conociendo a Nuestros Cooperados: Carla Sommer Ide

Esta distinguida osornina, nace en la Clínica Lomboy de nuestra ciudad, el 24 de mayo
de 1953. Hija de Carlos e Inés y segunda de dos hermanas. De kínder a cuarto medio estudia en el Instituto Alemán de Osorno. Ella y su hermana Rita, viajan todos los días del campo al colegio y como era muy común en esa época, viven la típica “media pensión”, almorzando donde su querida Frau Francisca Jurgensen. De ahí a la Universidad Austral de Valdivia donde se recibe en Pedagogía en Inglés. Todos los fines de semana volvía al campo, “no tuve vida universitaria” cuenta con nostalgia.

Recién titulada se casa con el agrónomo Alfredo Blaña Lüttecke. Se conocieron el año 1969
a través de su afición al básquetbol. Durante la época de pololeo y mientras estudiaban en la universidad en plena Unidad Popular, se hacen cargo de Millaray, el campo que don Carlos Sommer entrega a su hija Carla. Estos jóvenes, con la fuerza de la juventud, además de salvarlo de la expropiación por parte de la CORA, logran
salir adelante.

En 1973 instalan su primera lechería en un galpón donde se comenzó con 35 vacas prestadas por el padre de Alfredo, ordeñando a mano; junto con esto se reconstruyó una antigua lechería con baldes Alfa Laval que se utilizó hasta 1978 momento en que se construye la actual sala de ordeña. Paralelo a la actividad lechera estaba el rubro de siembra de trigo, con cuyos remanentes se compraban vacas para incrementar
el plantel lechero.

En 1975 deciden casarse y se van a vivir a Santa Amalia, el campo de Alfredo en Pichil.
Allí nacen sus dos hijas mayores: María Eugenia y María Paulina. En 1979 se vuelven a
vivir a Millaray cuando su primera hija entra al colegio, en ese lugar nace su tercer hijo Carlos Alfredo y su nieto hijo Sebastián, quien al cumplir su mayoría de edad los “adopta”
legalmente como sus padres, cuentan con orgullo y amor que irradian de sus ojos.

Cuenta con alegría que Cooprinsem lo heredó junto con el campo de su padre. Ella y Alfredo, creen que la función de la Cooperativa es muy importante, no sólo en los servicios que ofrece, eficientes y muy valorados, sino es un punto de encuentro de los agricultores.
Alfredo agrega que es como llegar a su casa, tienes todo en un solo lugar. Además disfrutan del Encuentro Empresarial, que se realiza anualmente en Puyehue, donde se reencuentran con los amigos.

Esta buenamoza, lleva más de 30 años en el Instituto Alemán donde ha sido profesora de inglés, Profesora Jefe, Jefe de Departamento y actualmente Coordinadora del Ciclo de
Intercambio y el Programa de Diploma Internacional.

Hoy viven en Pichil, agradecidos y felices, trabajando y sobretodo disfrutando de esta
nueva etapa de sus vidas, con el deber cumplido; con sus cuatro hijos y tres nietos.

Conociendo a Nuestros Cooperados: Carlos Heinz Koenekamp Winkler

Pionero en traer tecnología alemana a la zona

Nació en Corte Alto, comuna de Purranque el 03 de enero de 1940, en el fundo Las Juntas. Hijo de Elfriede Winkler y del ingeniero alemán Adolfo Koenekamp, quien llegó a Chile en 1925 con contrato de trabajo a Talca.

Este “cortealtino” estudió desde primero básico a quinto humanidades en el Instituto Alemán de Osorno, el sexto humanidades lo cursó en el Liceo de Hombres de la misma ciudad. En marzo del año 1958 viajó a Alemania a estudiar agronomía en la Universidad de Hohenheim cerca de Stuttgart, al año siguiente se trasladó a la Universidad de Berlín donde concluyó sus estudios, recibiéndose de ingeniero agrónomo en 1962. En el verano de 1961 realizó la práctica en el Instituto de Investigaciones Agrícolas de Braunschweig-Voelkenrode, con el fin de aprender el aprovechamiento máximo de praderas permanentes y trabajo de ensilaje en la fecha óptima. Habitualmente se comenzaba a ensilar con un mes de atraso.

Regresa a Chile a principios de 1963, para trabajar el fundo Las Juntas, donde pasa de lechería manual con 100 vacas, hasta llegar en la actualidad a ordeñar 700 vacas en ordeña mecánica. Este visionario agricultor, trajo los planos de la lechería en espina de pescado desde Alemania, siendo una de las primeras salas de este tipo construidas en la región. En 1978 adquirió 150 hectáreas en Oromo, y en 1980 con un socio y compañero de Universidad de Berlín compró 160 hectáreas en Llay Llay, instalando una segunda sala de ordeña. En 1975, se casó con María Luisa Sanhueza, con quién tienen tres hijos: Carlos, ingeniero agrónomo; Sofía, ingeniero comercial; e Isabel, también ingeniero agrónomo. Cuando le preguntan por Cooprinsem responde con cariño, dice que se asoció sin dudarlo, por ser la cooperativa más pujante de la zona, una empresa que conoce los requerimientos que necesita un productor de leche y carne. El volumen que mueve la cooperativa ayuda a la eficiencia empresarial, y además, agrega con entusiasmo, tiene una sucursal importante en Purranque. Actualmente trabaja intensivamente con la raza Overo Colorado de doble propósito; leche y carne. Dedicándose a lechería, crianza y engorda. Este reconocido agricultor “de tomo y lomo”, dice que vive más relajado, ya que su hijo Carlos trabaja la parte práctica en terreno, y su yerno, Juan Pablo Prat, ingeniero comercial, la financiera y comercial. Se reúnen todos los lunes para organizar la semana. Por lo que a él le queda tiempo suficiente para “chochear” junto a María Luisa con sus seis nietos y la que viene “en camino”.

 

Conociendo a Nuestros Cooperados : Michael Ziller Dobrew

“Pipa” para los amigos. ¿Cómo llega a Cooprinsem este osornino de apenas 34 años?

Esta historia empieza cuando el abuelo Dobri le dice a su nieto Pipa que lo ayude en las labores del campo. “Ñilque”, 400 hectáreas, 220 vacas en lechería, sin deudas. El nieto que en ese entonces tenía 15 años acepta y desde ese día cada semana acompaña al Opapa en las tareas agrícolas.

Y así, sin descuidar sus labores de estudiante en la Schule de Osorno, todos los días martes y vacaciones incluidas, este alumno se transformaba en una mezcla de junior, campero, chofer y administrador. No faltó un día a su compromiso.

Sin embargo, lo que se hereda no se hurta y Pipa tenía los caballos en su ADN, su mamá no solo le traspasaría tierra, deberes y proyectos, sino el amor por estos nobles amigos, por lo que este osornino pasó su adolescencia entre estudios, deberes agrícolas y “saltos”. Aún en contra de la opinión del Opapa no así de la Omama.

Estudia Ingeniería Comercial en Valdivia. Pero su pasión por estos bellos amigos del hombre, la práctica y la experiencia, lo preparan para dar un gran salto: participar en los Panamericanos 2003 en Santo Domingo, República Dominicana, en el que queda quinto por equipos y 21, individual.

Segundo salto, termina su carrera en la Universidad del Desarrollo en la capital. Sin embargo, el lazo que se había creado entre ese búlgaro de penetrantes ojos azules casado con Martita Hott y este adolescente intenso y trabajador, los convierte en una dupla que sólo se separa con la partida de su querido Dobri.

De la herencia, hoy Haras “Rancho Los Volcanes”; 150 hectáreas están dedicadas a un proyecto inmobiliario de privilegiadas características y 50 para uso exclusivo del Haras; crianza de sus distinguidos cuadrúpedos. Empezó con 6 pesebreras, ya son 35, 30 caballos y 2 yeguas de cría. Son los representantes exclusivos de la asociación Holsteiner.

Michael, ve con razón y conocimiento de causa que la crianza de caballos de raza no sólo es una gran alternativa en el futuro agropecuario de nuestro país, los números así lo apoyan, sino él mismo ya tiene valiosos proyectos que aportar.

Hoy el Pipa es padre de dos preciosas niñas: Aurelia y Elena, quienes son fruto de su amor con Isidora Mohr Rioseco, y como hidalgamente reconoce, es uno de sus más importantes saltos en su carrera de vida.

Conociendo a nuestros Cooperados: Carlos Koenekamp

Alto e imponente, y aunque en un momento de su vida, este joven socio de Cooprinsem, 39 años, estuvo a un paso de ceder a otra de sus grandes pasiones: volar y ser piloto, la tierra pudo más que las alas y terminó recibiéndose de Ingeniero Agrónomo en la Universidad Austral. Intentó por un año, estudiar en la Universidad Católica,pero Santiago no era para este “purranquino” de tomo y lomo.

Después de todo siempre vivió entre el olor a tierra mojada y el calor de la leña seca de esa antigua casa del fundo “Las Juntas” en Corte Alto, allí donde nació su padre, Heinz, reconocido agricultor de la zona, quien fuera el que le enseñó a volar y a sembrar.

Estudió interno en la Schule de Osorno hasta 7° básico. Apenas se recibió de Ingeniero, se fue por un año a trabajar a Nueva Zelanda. Era el año 2005 y quería vivir en carne propia como se trabaja en un país donde hacen las cosas bien.

Al llegar trabajó por dos semanas en una fábrica de cecinas, luego estuvo dos meses en un campo de 500 hectáreas como tractorista. Después de esa experiencia por fin encontró trabajo en lo que él pretendía: lechería. Era un campo de 1000 hectáreas. Empezó arreglando cercos y terminó “sabiendo” los tejes y manejes de una lechería grande que tenía el mínimo de empleados. El dueño del campo, que rondaba los 50 años, trabajaba con su señora, que se encargaba de los terneros, y con pocos empleados obtenían un máximo de resultados. Al concluir la época de lechería no aceptó el ofrecimiento de quedarse, lo que le permitió tomarse un “mes sabático” recorriendo la zona, luego de lo cual volvió a su querido Chile.

Esta experiencia lo marcó y empujó a dar el paso definitivo, hacerse cargo del campo que su padre le había entregado: Las Juntas. Es más, a este agricultor le brillan los ojos cuando habla de sus padres, de la generosidad de su papá y la confianza que su mamá, María Luisa, han depositado en él y sus dos hermanas.

Empezó como administrador, poco a poco fue adquiriendo responsabilidades, hoy está a cargo de los campos, junto a sus hermanas y cuñados, cada quién aportando lo suyo, y entre todos, a punta de trabajo, pasión y amor a la tierra, logran manejar cerca de 700 hectáreas. Doscientos cincuenta vacas en Llay Llay, el número ideal dice él, y 700 en Las Juntas, todas Overo Colorado doble propósito, lo que no es leche se va a la engorda al fundo Oromo,donde este agrónomo se “arranca” a descansar para olvidarse un rato de la lechería.

Casado con Karina Flores Chávez, padre de mellizas Emma y Lucía, de dos años. Entre ambos trabajan codo a codo por el proyecto más importante de sus vidas: criar personalmente a sus preciosas hijas.

 

Conociendo a nuestros Cooperados : Germán Stolzenbach

German Stolzenbach? ¿Veterinario? ¿Agricultor? ¿Profesor? ¿Gerente de Cooprinsem?, un poco de todo, pero mucho más. Preguntar por este rubio de ojos transparentes es cosa fácil. Todos lo conocen, muchos lo admiran, pero pocos pueden entrar en su círculo íntimo. Sin duda, es más complicado describirlo en 450 palabras. Meticuloso y apasionado, tímido hasta que le preguntan por su quehacer, mira directamente a los ojos, explica con paciencia y transmite con generosidad conocimiento y experiencia.

Nació en 1942 en el fundo Los Riscos de la Comuna de Puerto Varas, desde 1948 vivió en Los Muermos, en el fundo El Copihue, cuando todo era bosque y selva. Sus padres, don Juan y doña Marta, echaron raíces entre arrayanes y coihues donde criaron a sus tres hijos; Germán, Frauke y Renato. Desde aquí Germán se fue a la Schule de Puerto Varas y luego a la de Osorno, y a la Universidad de Chile en Santiago después , a estudiar veterinaria. Era 1961, cuando esta zona estaba destrozada por el terremoto más grande que recuerde la historia. Regresa a casa en 1968 con flamante título en mano.

Pero con título y todo lo espera una pala y la orden del día: “palero”. Con un camión más tres obreros, codo a codo sortearon dificultades y a pulso hicieron el camino por el que hoy transitan tranquilos y cómodamente sus hijos, nietos y amigos. Entonces y como en todo nuestro Sur, así era la vida del agricultor. Ni máquinas milagrosas, herramientas automáticas ni botones que apretar pura voluntad, sangre, pala y sudor.

Felizmente casado por 48 años con Carmen Wagner Rosas, dos hijos; Nils Erik y Hans Gerwin, seis nietos. La mayor parte de su tiempo la pasa en su casa en El Copihue. Desde allí maneja campo y vida.

Pero aún hay mucho que saber de él. Gana una beca de mejoramiento genético en 1968, año y medio a Alemania, vuelve en barco en 1970. También en 1968 el profesor de genética, Norberto Butendieck, que necesitaba otro profesor para la Universidad Austral, lo llama. Impartiría clases por 28 años.

En 1974 había que trasferir al sector privado lo que el Estado había estatizado. Esta licitación para hacerse cargo de la cooperativa la gana Cooprinsem, en parte gracias a la gestión de Eduardo Meyer, entonces jefe de planificación en Osorno y de Juan Pedro Duhalde como coordinador del agro.

Es en este mismo año cuando Enrique Gantz Schencke renuncia a la Gerencia de Cooprinsem y Ricardo Krahmer StolZenbach, amigo de Germán, lo convence para que se haga cargo de la gerencia.

Es el 1° de Marzo de 1974 cuando Cooprinsem reinicia sus actividades y Germán se une al equipo a partir del 1° de Junio. Sería el Gerente con más impacto y que por más tiempo ha estado en el cargo. Si Cooprinsem es parte de Germán Stolzenbach, él mismo es un pilar de Cooprinsem.

“Gracias a una historia progresiva de cooperación, agregación, innovación y política consecuente, Cooprinsem es la cooperativa de mayor impacto tecnológico y reconocida en el mundo”.

Sin duda, su quehacer en la empresa es materia de un libro, muchas palabras para muchas historias por contar.

Conociendo a nuestros Cooperados : Karin Fenner Scholz

Distinguida, amable. Parece frágil pero al poco andar traspasa su fortaleza y basta escarbar un poco más para entender el poder de esta osornina del 37, criada en Pufayo: San Pablo.

Fue su papá quién le enseña a leer y escribir, restar y sumar, todo en casa. como era usanza. A los siete años es matriculada en la Schule de Osorno donde estudia hasta cuarto humanidades cuando se va al Santiago College. Repite el cuarto para poder graduarse en el programa americano. Una vez licenciada, regresa al sur. Su sueño era ser Veterinaria y estudiar en Santiago; pero sus padres le dijeron “si te vas nos vamos contigo”. Sin dudar. esta hija única de 18 fabulosos años, se queda por amor al campo. Se matricula en “la Matthei”, primera mujer en esta prestigiosa escuela agrícola y egresa con honores de Perito Agrícola. Hasta hoy se junta con algunos de Sus compañeros de curso. Cuando se recibe, rechaza la posibilidad de una beca a Canadá, otra vez por amor. Estaba enamorada, se casa con un agricultor con quién tiene dos hijas, María Elena y Carmen, siete nietos y una bisnieta que viene en camino.

En 1968 se va con marido e hijas a vivir a Pufayo. En 1970 le expropian el campo y como era costumbre, los dejan vivir en la casa y trabajar algunas hectáreas. En 1974 el gobierno militar le devuelve parte del campo, con título de reserva. También en 1974 su querido papá enferma y fallece.

Las cosas no se veían bien para esta mujer de mirada serena que no estaba dispuesta a perder lo que había recuperado y tras una dolorosa medida, toma las riendas de su vida y enfrenta una dolorosa decisión sola, con el puntal de su mamá, sus hijas y su fiel nana Martita que la acompañaría por 35 años, se planta contra el mundo.

Todo era cuesta arriba, pero como ella dice “el de arriba no manda a quién no puede responder” y si al principio hasta salir de casa era un desafío, poco a poco y con la ayuda de un asesor, empieza la gran tarea de ordenar y pagar deudas. Ochenta vacas debían hacer el milagro, sacar adelante un pedazo de tierra tan querida.

En esta época, 1976, se hace socia de Cooprinsem, era imprescindible preñar las vacas, ordenar la lechería, cercos y empastadas. Previsora, no se endeuda; sólo animales en media y paga al contado. Poco a poco va creciendo, visionaria, intuye que el futuro para ella es el Jersey, más sólidos menos líquido. Hasta hoy utiliza su propio “sistema genealógico” para sus Vaquillas. En el amor la vida le dio una segunda oportunidad, un gran compañero, excelente persona con quién vivió más de 15 años. En política, lucha contra la upé estuvo a cargo Renovación Nacional en San Pablo y en la Secretaria de la Mujer hasta que la deja para dedicarse enteramente al campo. Sigue a cargo de talleres y comités hasta que cansada se retira pagando deudas ajenas. Voluntaria de Conapran hasta 1990. Y socia de “Las Socorras”.

Hoy, esta gran mujer que repite emocionada que lo logrado es gracias a la ayuda de sus empleados y trabajadores, está dejando el campo, la ley de la vida, dice con sabiduría y tristeza. Y de a poco, traspasa producto y experiencia a su descendencia.