ANTECEDENTES GENERALES

Desde el año 2013 COOPRINSEM está llevando a cabo un Programa de Mejoramiento Genético (PMG) en la región de Los Lagos destinado a incrementar la competitividad de productores lecheros usuarios de INDAP. Dentro de las actividades desarrolladas por el programa, se contempla la incorporación de dichos productores al servicio de Control Lechero Oficial prestado por la Cooperativa.  Este hecho permitirá estimar, en un mediano plazo, el mérito genético de  los animales de la población en diversas características de importancia económica. Dicha evaluación contempla, además, la aplicación de un índice de selección, denominado Valor Económico Lechero (VEL) el cual, otorgando diferentes ponderadores a cada característica evaluada, estima el mérito genético individual expresado en valor económico.

Por otra parte, en base al análisis de la información recopilada, ha sido factible cuantificar el comportamiento productivo de los rebaños incorporados al programa y establecer el efecto de diferentes factores no genéticos (ambientales) que los afectan. Este aspecto resulta de vital importancia toda vez que los resultados obtenidos aportan las bases para orientar ciertas decisiones de manejo, permiten establecer objetivos de selección y, mediante el análisis a través del tiempo, es factible cuantificar la evolución temporal de diversos caracteres productivos.   En base a estos antecedentes, el presente trabajo tuvo como objetivo principal analizar diversos efectos ambientales que afectan la productividad de los rebaños lecheros adscritos al  PMG de la región de Los Lagos.

CARACTERIZACIÓN DE LA INFORMACIÓN DISPONIBLE

De acuerdo a los registros históricos otorgados por el Departamento de Control Lechero de COOPRINSEM, entre el año 2001 y 2020 (lactancias finalizadas en 2021) se registraron un total de 46.213 partos en los predios estudiados. El grueso de la información se concentró, no obstante, a partir de 2009; periodo que incluyó el 94,7% de los registros. Un desglose del origen geográfico de los mismos, permite señalar que los predios de las provincias de Osorno, Llanquihue y Chiloé aportaron a dicho total con un 27,7; 59,2 y un 13,1%; respectivamente.

La Figura 1 ilustra la distribución de la información, en este caso agrupada por mes de parto. Del análisis de la misma se desprende que entre agosto y noviembre se concentra el grueso de los mismos (51,3%). Cabe señalar también que: agosto, septiembre, octubre y noviembre fueron los meses de mayor representación; aportando al total anual con un 13,0; 15,1; 13,9 y 9,3%; respectivamente. El resto de los meses realizan un aporte que oscila entre un máximo de 8,2% (marzo) y un mínimo de 4,7% (enero).

Un total de 46.001 registros pudieron agruparse de acuerdo al número ordinal de parto de las vacas (Figura 2). Como era de esperar, los grupos con mayor representación correspondieron a vacas primíparas (33,7%) y de segundo parto (22,7%). En el primer caso dicha cifra representa tanto la fracción correspondiente al reemplazo de vacas eliminadas, así como al eventual crecimiento existente en la población. La presencia de alrededor de un 55% de vacas de primera y segunda lactancia tiene, como se analizará con posterioridad, un marcado efecto productivo. Por otra parte, las cifras indican que las hembras de quinta lactancia, momento en el cual se maximiza la productividad, representan sólo un 7,2% del total.

Considerando los objetivos del trabajo, se analizaron lactancias reales; es decir no sujetas a ningún factor de corrección. Por otra parte, a objeto de incrementar la confiabilidad de los resultados, las lactancias incluidas en el estudio debían estar completamente caracterizadas respecto de su producción de leche y sólidos lácteos; así como del contenido de ambos sólidos. Solo se incluyeron lactancias con una duración mínima de 180 días y una máxima de 345 días; desarrolladas desde la temporada 2009-2010 hasta la 2019-2020.

Con el propósito de estimar el impacto económico de las diferencias productivas y composicionales, el estudio incorporó una simulación consistente en aplicar, una pauta de pago referencial para la región. Esta pauta pretende representar valores aproximados otorgados actualmente por la industria al volumen de leche ($167,0/L), más un incremento por contenido graso y proteico, por sobre un nivel base de 30,0 g/L. Estos fueron valorados en $1,81 y $ 5,65 por gramo de grasa y proteína; respectivamente. Por otra parte, la simulación incluyó también el pago de un “Bono por Componentes”, estimado en función de la sumatoria de los contenidos graso y proteico, el cual valoriza los sólidos que exceden 75,6 g/L a razón de $1,5/g.  

EFECTO DE LA UBICACIÓN GEOGRÁFICA

La comparación entre los promedios prediales agrupados de acuerdo a la provincia de origen identificó diferencias importantes; las que se expresaron en distinta magnitud según la característica analizada. En el Cuadro 1 se presentan los promedios productivos para leche, grasa y proteína. Del análisis de dichos resultados se advierte que las cifras de producción de leche se incrementan gradualmente en la medida que se avanza de norte a sur. Es así como, al analizar valores extremos, la producción de leche aumentó, en promedio, entre Osorno y Chiloé 681,0 L/lactancia; cifra que equivale a un 14,3%. Los predios de Llanquihue se situaron en una en una posición intermedia, con producciones de 5.361 L/lactancia. En producción de sólidos lácteos, no obstante, los predios ubicados en Llanquihue y Chiloé no difirieron marcadamente entre sí; aunque superaron a los pertenecientes a la provincia de Osorno. De las cifras antes discutidas, se infiere que los cambios en volumen de producción no fueron proporcionales a los experimentados por los sólidos lácteos; hecho que generó diferencias en contenido graso y proteico entre provincias. El Cuadro 2 presenta los contenidos de grasa y proteína láctea, expresados en gr/L en las distintas provincias. En este caso la tendencia es inversa a la descrita para volumen de producción. Los predios ubicados en Osorno alcanzan mayor contenido graso y proteico; los que considerando la suma de ambos componentes   llegaron a una media de 73,5 g/L. Esta cifra es significativamente superior que las logradas en Llanquihue y Chiloé; a las que aventaja en 1,3 y 1,4 g/L; respectivamente.

Al simular la aplicación de la pauta de pago, descrita con anterioridad, por su mayor contenido de sólidos, el precio por litro en Osorno superaría en 2,39% y 1,02% a los obtenidos en Llanquihue y Chiloé; respectivamente. Sin embargo, la situación se revierte cuando se compara el valor económico de la lactancia completa; aspecto que pondera el valor unitario ($/L) por el volumen total de leche generado en la lactancia.  Desde esta perspectiva, los valores obtenidos en Llanquihue y Chiloé superarían a los logrados en Osorno en 10,9 y 11,6%; respectivamente. Cabe indicar que a pesar de existir diferencias entre provincias, en ninguna de ellas se superó el contenido de sólidos requerido para acceder al “Bono por Componentes”. Por ello es importante señalar que si bien en la actualidad no se penalizan producciones que no alcanzan el valor de referencia (76,3 g/L), de haberse aplicado tal penalización, tal y como algunas empresas lo hicieron en el pasado reciente, los ingresos por lactancia hubiesen sido de menor magnitud en las tres provincias de la región.      

EFECTO DE LA ÉPOCA DE PARTO

Como se indicara con anterioridad, del análisis de la Figura 1 se desprende que aun cuando el grueso de las lactancias (51,3%) comienza entre los meses de agosto y noviembre; en la práctica existen partos durante todo el año. Por este motivo se consideró importante agrupar la información en tres épocas; para de esta forma identificar eventuales diferencias productivas entre ellas. Con este propósito se definieron tres épocas de parto, las que contemplan las lactancias iniciadas en los periodos: abril-julio; agosto-noviembre y diciembre-marzo; respectivamente.

En el Cuadro 3 se presentan los promedios productivos agrupados de acuerdo a la época  de parto. Las diferencias observadas en las tres características en estudio fueron muy significativas; hecho indicativo que las mismas pueden ser atribuidas con certeza al factor que se analiza. Los mayores valores productivos fueron logrados por las lactancias iniciadas entre abril y julio. De igual forma, y de manera consistente, los partos correspondientes al periodo diciembre-marzo generaron producciones de leche y sólidos de menor magnitud. Al comparar dicha época respecto de agosto-noviembre y abril-julio las producciones de leche aumentaron en 142 y 459 L/lactancia; respectivamente. Igual tendencia se observó en producción de sólidos. En este caso al comparar, abril-julio versus diciembre-marzo, las diferencias fueron notables en favor de las lactancias iniciadas en la primera época; llegando a representar 17 kg/lactancia de grasa y similar cifra en proteína láctea.

Por otra parte, al establecer comparaciones entre épocas, respecto del contenido de sólidos lácteos (Cuadro 4), quedó de manifiesto que las lactancias iniciadas entre diciembre y marzo presentaron, también, los valores más bajos. Este hecho, sumado a la menor productividad de estas lactancias (Cuadro 3), tiene repercusiones importantes que afectan tanto el valor de cada litro de leche producido; así como la valoración de la lactancia completa.  A este respecto, cabe señalar que los contenidos de grasa y proteína de las lactancias iniciadas en abril-julio y agosto-noviembre aportan un valor que incrementa el precio base en un 24,7%; mientras que las iniciadas entre diciembre y marzo  dicha cifra llega a 23,2%. De mucho mayor impacto resultó el efecto de las diferencias existentes en los volúmenes de producción (Cuadro 3). Es así que al valorar las lactancias completas, la superioridad de agosto-noviembre y abril-julio respecto de diciembre-marzo fue de 4,1 y 10,5%; respectivamente. Considerando que las lactancias que logran los mayores ingresos están asociadas, dado la fecha de inicio de las mismas, a mayores costos de producción será necesario tomar este factor en consideración antes de tomar una decisión al respecto. Como antecedente adicional se ha de incorporar a dicho análisis el hecho que, en la actualidad, la industria ha implementados bonos tendientes a estimular la producción en invierno. Estos bonos se aplican, generalmente, a los volúmenes entregados a planta entre los meses de abril y agosto; con montos cuyo valor por litro oscila, aproximadamente, entre 17 y 24% del precio base. La fracción del volumen total producido en una lactancia que accede a dicho bono depende, fundamentalmente, de la fecha de parto. Al respecto, a modo de referencia, se puede indicar que alrededor del 64%  de la producción de una lactancia iniciada en marzo accedería al bono invierno; cifra que desciende gradualmente en las lactancias que se inician con posterioridad. En último término es importante resaltar que, en la actualidad, alrededor de un 25% de los partos se presentan en el periodo comprendido entre diciembre y marzo; época que el presente análisis identificó claramente como la que genera los menores ingresos. 

Al analizar las diferencias entre los valores productivos y económicos existentes entre meses dentro de cada época de parto, se advirtió un efecto importante para el periodo comprendido entre agosto y noviembre. Considerando que dicho lapso contempla más de la mitad de los partos (Figura 1), resulta interesante ahondar en la identificación de los factores que determinan dichas diferencias.

En el Cuadro 5 se presentan los resultados obtenidos en relación al efecto del mes de parto sobre diferentes variables productivas. De los resultados expuestos, es importante destacar los siguientes aspectos. En primer término, se ha de señalar que en las tres variables analizadas el efecto del mes de parto fue muy significativo. Lo anterior implica que las diferencias observadas y las tendencias que muestran los resultados se originan, con una alta certeza, en el factor analizado (mes de inicio de lactancia). Al respecto, las cifras indican consistentemente que conforme se atrasó el inicio de lactancia los niveles de producción experimentaron un descenso importante. Es así que al comparar meses extremos (agosto versus noviembre) la caída de la producción de leche llega a 389 L/lactancia; lo que representó un 7,2%. Por otra parte, en igual periodo, las producciones de grasa y proteína disminuyeron proporcionalmente en mayor magnitud; 8,5 y 9,6%; respectivamente (Cuadro 5). Por consiguiente, debido a que la merma en la producción de sólidos superó a la experimentada por la producción láctea se generó un cambio composicional en la leche; valores que se presentan más detalladamente en el Cuadro 6. 

Las mayores concentraciones de grasa y proteína fueron alcanzadas por las vacas paridas en agosto. Estas presentan una superioridad, aunque de pequeña magnitud, respecto a las lactancias iniciadas en septiembre.  Disminuciones importantes de los contenidos de sólidos se aprecian, no obstante, en lactancias iniciadas a partir de octubre para llegar a valores mínimos en las iniciadas en noviembre (Cuadro 6). Cabe señalar que, independiente del mes de inicio de lactancia, los contenidos de sólidos no superaron 76,3 g/L, valor establecido por la industria para acceder al bono de calidad composicional. A partir de estos antecedentes resulta evidente que el adelanto de los partos, dentro del periodo que se analiza, trae consigo un aumento tanto en el precio pagado por litro; así como en el ingreso por lactancia. Así por ejemplo, las lactancias iniciadas en agosto respecto de las iniciadas en noviembre obtendrían un valor por litro un 3,8% más alto. Lo anterior, sumado a la mayor producción de leche (Cuadro 5) derivaría en una diferencia más importante al valorar la lactancia completa (11,9%).

Los motivos causales de los resultados antes expuestos podrían ser atribuidos a diversos factores. Por una parte, las vacas de parto temprano logran ajustar de mejor forma sus requerimientos nutricionales con el aporte de nutrientes realizado por la pastura. Por este motivo, tienden a desarrollar lactancias más largas y persistentes. Resulta evidente que dicho ajuste se pierde conforme el parto se retrasa; hecho que se potencia frente a periodos estivales con alta restricción hídrica. Sobre el particular se debe consignar que el presente trabajo detectó que la duración de la lactancia está fuertemente determinada por la fecha de inicio de la misma. El periodo productivo disminuyó, en promedio, desde 302 a 285 días, al comparar lactancias iniciadas en agosto y noviembre; respectivamente. Es sabido que las lactancias prolongadas alcanzan mayores contenidos de sólidos toda vez que desarrollan en integridad el último tercio de la misma; fase caracterizada por presentar altos contenidos de sólidos. Es importante mencionar que los resultados antes mencionados representan el promedio de las tres provincias de la región. Por consiguiente, será necesario ajustar a la realidad de cada provincia, y de cada predio en particular, las conclusiones que se desprenden de los mismos. En términos generales, un principio de aplicación práctica señala que el óptimo tiende a lograrse cuando una alta proporción de los animales llega al peak de lactancia (alrededor de 60 días pos parto) en el momento de máximo crecimiento de la pradera. 

EFECTO DEL NÚMERO ORDINAL DE PARTO

Conforme avanza la vida productiva de una vaca lechera es de esperar, dada su mayor capacidad de consumo y disminución de los requerimientos para crecimiento, que se presente un incremento de los valores productivos; para alcanzar un máximo en torno a la quinta o sexta lactancia; y experimentar cierta disminución posterior. Desde esta perspectiva, siempre las vacas primíparas serán las de menor productividad y, en un rebaño estabilizado, constituirán el grupo etario de mayor representación. Por este motivo, resultó de interés el estudio de este factor (Cuadro 7).   

En términos generales, los resultados obtenidos son consistentes con las tendencias esperadas para este efecto. Como se observa en el Cuadro 7, se detectó un marcado incremento en las producciones de leche (30,6%), grasa (24,1%) y proteína (29,3%) entre vacas primíparas y animales de quinta lactancia. En términos económicos, dichos cambios debieran significar un aumento del orden de un 27% en el ingreso por lactancia. Estos incrementos son muy elevados y, eventualmente, pueden deberse a un insuficiente estado de desarrollo y/o a la edad de las vaquillas al momento del primer parto. Por otra parte, se ha de considerar que dichas cifras tienen una fuerte repercusión económica en la población en estudio; toda vez que las vacas de primera y segunda lactancia representan más de la mitad de los animales de la misma (Figura 2). A su vez el grupo de mayor producción (quinta lactancia) representó solo un 7,2%. Por estos motivos es muy importante identificar los factores que determinan la estructura etaria antes descrita; señalándose, a modo referencial, que en una población estabilizada se debieran lograr, en promedio, cinco lactancias por animal y, por consiguiente, la tasa de reemplazo óptima se  debiera situar en torno al 20%. Al respecto será clave evaluar el estado de desarrollo de los animales al primer parto y su efecto sobre la fertilidad y sobrevida posterior.

EFECTO DEL AÑO DE PARTO

Por último, se consideró de interés analizar la variación de los valores fenotípicos de las variables productivas generadas por las lactancias iniciadas entre las temporadas 2012-2013 y 2019-2020; es decir de todas aquellas de las que se dispuso de lactancias completas. Los resultados que se describen seguidamente reflejan el efecto conjunto tanto de efectos debidos al mejoramiento genético de la población; así como de aquellos debidos a factores de tipo ambiental (manejo animal, variables climatológicas, etc).

Dentro del periodo en estudio, la producción promedia por vaca experimentó un incremento de 6,45%; como producto del aumento de las producciones por lactancia desde 4.880 L hasta 5.195 L. Como se aprecia en la Figura 3 existieron, no obstante, fuertes variaciones entre años, muchas de las cuales pueden deberse, principalmente, a los niveles de pluviométricos estivales. Al respecto, un factor que puede ayudar a enfrentar este hecho es el ajuste de las fechas de parto; principalmente en las lactancias iniciadas a fines de invierno y primavera. En términos generales se puede señalar que los partos tempranos permiten que las vacas lleguen al verano en una fase de declinación de sus curvas de lactancia y, por consiguiente, el efecto de una eventual sequía estival sea de menor magnitud. Por otra parte, el reemplazo de los partos de verano por otro periodo que resulte más favorable apunta también en el mismo sentido.

Es de destacar que dentro del periodo analizado la producción de sólidos lácteos (grasa más proteína) experimentó un aumento proporcionalmente mayor que el volumen de leche (Figura 4). En este caso, el incremento varió desde 354,4 a 383,3 kg/lactancia; cifras que representan un aumento de un 8,15%. En consecuencia, dado que el aumento de la producción de sólidos fue proporcionalmente mayor que el experimentado por el volumen que los contiene, se observó además un incremento en el contenido de sólidos. Dentro del periodo analizado, estos se elevaron desde 73,51 a 74,06 g/L. Al respecto cabe señalar que si bien esta evolución es muy favorable, los contenidos de sólidos aún son bajos si se relacionan con los volúmenes de producción; siendo un factor que amerita ser considerado dentro de las acciones de mejoramiento genético y ambiental.

 

RESUMEN Y CONSIDERACIONES FINALES

A modo de resumen y con el propósito de destacar los principales resultados, y las conclusiones derivadas de los mismos, se puede señalar que:

– Al comparar las producciones de leche y sólidos lácteos entre las provincias de Osorno, Llanquihue y Chiloé se advirtió, en el mismo orden, una clara tendencia al alza. Los predios ubicados en la provincia de Osorno presentaron, no obstante, los mayores contenidos de sólidos. Al simular la aplicación de una pauta de pago actual, los predios ubicados en las provincias de Llanquihue y Chiloé, producto de obtener mayores volúmenes, lograron el mayor ingreso por lactancia.

– Las lactancias iniciadas entre abril y julio presentaron a una manifiesta superioridad productiva y, por consiguiente, los mayores ingresos por lactancia. Se ha de considerar, no obstante, que durante el periodo invernal se incrementan los costos productivos mientras, simultáneamente, la industria estimula económicamente las producciones. El análisis conjunto de todos estos factores ha de ser considerado al momento de determinar la factibilidad y/o la proporción de animales que desarrolle buena parte de su lactancia en esta época del año.

– Dentro de las lactancias iniciadas entre agosto y noviembre se observó una marcada reducción en la duración de las mismas conforme se avanza en la temporada; hecho que no se presentó en otras épocas del año. El efecto antes señalado, provocó una disminución productiva; la que fue de mayor magnitud en los sólidos lácteos respecto del volumen que los contiene. Por este motivo se detectó, además, un deterioro de la calidad composicional el que se expresa, en definitiva, en un menor precio por litro. Como producto de las diferencias mencionadas, las lactancias iniciadas en agosto superaron a las iniciadas en noviembre en alrededor de un 12%; al evaluar el ingreso total por lactancia.

– Las producciones de leche y sólidos lácteos se elevaron sostenidamente entre la primera y  quinta lactancia; hecho asociado a un aumento del ingreso por lactancia cercano a 27%. Es necesario destacar, no obstante, que en la población actual solamente alrededor de un 7% de las vacas pertenecen a dicho grupo. Por otra parte, más de la mitad de los animales son de primer o segundo parto. Por consiguiente, toda acción encaminada a disminuir la tasa de reemplazo y, al mismo tiempo, lograr una vida productiva más prolongada debiera incrementar marcadamente la competitividad de los rebaños.

– Al analizar la tendencia fenotípica expresada por la producción de leche y sólidos lácteos, a desde 2012 hasta las lactancias finalizadas en 2021, se observa una clara tendencia al alza. En el período mencionado, no obstante, la producción de sólidos se incrementó proporcionalmente más que el volumen que los contiene. En consecuencia, se evidenció, paralelamente, un incremento del contenido de sólidos lácteos.

En último término, es factible indicar que la implementación de las medidas correctivas, sugeridas a partir del diagnóstico realizado en el presente trabajo, mejorará las condiciones ambientales a las que está sujeta la población. Lo antes señalado se debe realizar conjuntamente con el mejoramiento genético de la misma. Desde esta perspectiva, la utilización de un índice genético económico debiese ser la opción a seguir. Como se señaló con anterioridad, el índice VEL desarrollado por COOPRINSEM apunta a mejorar caracteres productivos, que tienden a incrementar el ingreso; así como otros funcionales que disminuirán los costos de producción. La adopción de estas medidas, en su conjunto, determinarán un incremento de la competitividad de los predios participantes en el Programa de Mejoramiento Genético de la región de Los Lagos.   

Juan Reusch
Director Comercial Reproducción e Inseminación Artificial en Cooprinsem
Humberto González
Asesor Externo Cooprinsem