La temperatura, el fotoperiodo y la disponibilidad de agua en el suelo varían a través del año, esto lleva a que las praderas presenten una estacionalidad en su crecimiento, variando la oferta de forraje en distintas épocas del año. En praderas de zonas húmedas templadas, como son las del sur de Chile, aumenta significativamente la tasa de crecimiento durante la primavera, siendo máxima entre los meses de octubre y noviembre, produciendo en pocos meses más del 50% de la producción anual. A medida que se acerca el verano la tasa de crecimiento de las praderas disminuye como consecuencia del déficit hídrico, altas temperaturas y madurez reproductiva de las plantas. En otoño la pradera perenne experimenta un nuevo crecimiento, esto debido a que existen condiciones favorables de temperatura y humedad. Durante el invierno el crecimiento se hace mínimo debido principalmente a las bajas temperaturas.

Por lo tanto, nuestras praderas concentran su máxima producción en primavera, esto se debe a que en esta época se presentan las condiciones ideales para el crecimiento y desarrollo de las especies que las conforman, generando una mayor disponibilidad de forraje. Sin embargo, este aumento en la producción debe ser bien manejado desde el punto de vista de la oportunidad de hacer un buen pastoreo y aprovechar al máximo los excedentes, de forma tal de maximizar la producción de pradera y sus productos secundarios (carne y/o leche), además de conservar la mayor cantidad de forraje para las épocas desfavorables.  El que haya una abundancia de pasto no es sinónimo de eficiencia en el manejo, la variabilidad en cantidad y calidad del pasto genera un gran desafío. Tener información concreta y objetiva respecto de la producción del forraje y la calidad nutricional de éste, es requerida para muchos aspectos: estimar la carga animal, determinar el tamaño de la franja en pastoreos rotativos, determinar el momento óptimo de pastoreo, decidir si se pastorea o no, determinar la calidad y valor nutritivo de la pradera y medir la respuesta a la aplicación de fertilizante. En este capítulo haremos mención a los últimos dos aspectos mencionados.

Calidad y valor nutritivo de la pradera:

Gráfico N°1. Valor nutritivo de la pradera en las distintas estaciones del año

La calidad de la pradera debe ser sinónimo de consumo de nutrientes. La importancia que posee, está dada por una relación directa con la respuesta animal esperada. Una pradera de calidad debe ser una fuente importante de nutrientes para el ganado, debe ser tierna y debe estar en crecimiento durante todo el año, debe ser densa, palatable y digestible. El valor nutritivo es un concepto amplio en el cual está implícita la composición del alimento y su digestibilidad. Se habla de praderas de alta calidad nutritiva cuando éstas tienen alta concentración de nutrientes, son muy digestibles y permiten un alto consumo.

El valor nutritivo de una planta forrajera está en función de los siguientes factores: a) el tipo de planta, b) su estado de madurez, c) la época del año y d) el manejo previo de la pradera. Usualmente el valor nutritivo de hojas de leguminosas es superior al de gramíneas, y el de las hojas de las gramíneas es superior al de los tallos. En general, las plantas jóvenes o sus partes poseen buen valor nutritivo, pero se reduce al acercarse a la madurez. La mayoría de las plantas forrajeras en su fase vegetativa poseen mayor proporción de hojas, la cual se reduce al avanzar a la fase reproductiva, pues se incrementa la proporción de tallos y hojas secas, lo que reduce su valor nutritivo disminuyendo la digestibilidad.

A lo largo del año se producen una serie de cambios en la estructura y composición de la pradera que tienen directa relación con el estado fisiológico de las especies que la conforman, estos cambios estructurales se ven reflejados y se asocian generalmente con  la digestibilidad, la cual es mayor en la estación de primavera. Las condiciones de temperatura, humedad y luminosidad son óptimas para que las  reservas orgánicas que poseen las plantas forrajeras activen el rebrote, aseguren su persistencia y mantengan su producción. Estas reservas están constituidas principalmente por carbohidratos no estructurales, lo que incluye azúcares reductores (glucosa, fructosa), azúcares no reductores (sucrosa), fructosanos y almidones y compuestos nitrogenados orgánicos como proteínas, aminas y aminoácidos y son usadas por la planta como sustratos para su mantenimiento y para la formación de biomasa aérea y subterránea en los períodos de estrés. 

La digestibilidad es el factor nutricional más importante que afecta el consumo, siempre y cuando la disponibilidad no sea un factor limitante. Los constituyentes del forraje asociados a  la digestibilidad se clasifican en: aquellos que son totalmente digestibles y que forman parte del contenido celular (proteínas, carbohidratos no estructurales, ácidos grasos, minerales y vitaminas) y los que son menos digestibles y que forman parte de la pared celular (celulosa, lignina y sílice entre otros). Dado que el contenido celular es totalmente digestible, el consumo estará limitado por la fracción menos digestible o pared celular. El consumo disminuye a medida que aumenta esta fracción, siendo crítico en forrajes cuyos valores superen el 60%. Esto significa que por encima de cierta concentración de pared celular, el animal tiene una limitación física al consumo. Si la digestibilidad del forraje ofrecido es alta, no solo se observará un incremento en el consumo sino que se elevará el nivel de nutrientes ingerido en la dieta. Si la digestibilidad es baja, el consumo de forraje y su aprovechamiento será menor. La relación hoja/tallo, cambia de acuerdo con el desarrollo fisiológico de las especies pratenses y mientras la digestibilidad del tallo decrece rápidamente con la madurez, la de las hojas permanece razonablemente constante. Al mismo tiempo se producen cambios en la composición química, aumento de hidratos de carbono estructurales (celulosa y hemicelulosa), que se digieren lentamente, y lignina, que además de no ser digestible debido a su asociación con los hidratos de carbono de las paredes celulares reduce la digestibilidad de estos. Los hidratos de carbono solubles, almidón y pectina disminuyen en tallos y permanecen relativamente constantes en las hojas. El contenido de proteína disminuye constantemente tanto en tallos como en hojas, pero más rápidamente en los primeros.

Conocer la composición nutricional de la pradera en la época donde se produce la mayor cantidad de biomasa y con la mejor calidad nutricional permitirá:

  • Formular dietas de manera tal de compensar alguna respuesta no esperada por parte del animal, alta concentración de proteína y decremento de grasa en leche.
  • Pastorear en forma eficiente el forraje producido y con la periodicidad y grado de consumo que permitan una rápida recuperación de la pradera, manteniendo altos niveles de producción y calidad nutritiva.
  • Planificar y designar potreros a rezagar, lo que determinará la calidad del forraje conservado.

Medir la respuesta a la aplicación de fertilizante:

Debido a que la pradera es un alimento equilibrado y de bajo costo para el productor, el aumento de su productividad es fundamental para incrementar la producción animal. Una pradera bien manejada es la fuente de alimento más barata por kilo de materia seca.

Este aumento se puede lograr inicialmente por medio de prácticas de manejo como el encalado, fertilización y el uso de criterios de pastoreo. La fertilidad del suelo en praderas permanentes es un tópico de gran complejidad debido a la gran interrelación entre sus diversos componentes: el suelo – la planta – el animal y el clima. Esta interrelación es uno de los factores que determina que tanto la pradera como los animales que la pastorean, contengan en su composición una concentración determinada de minerales, la que en algunos casos, puede ser deficitaria o excesiva. Conseguir praderas abundantes y de buena calidad, que le den al ganado bovino los nutrientes necesarios para su buen desarrollo, dependerá de la especie que se cultive, la disponibilidad de agua y, especialmente, de realizar un adecuado y oportuno manejo de la fertilización del suelo, que proveen al suelo los minerales y nutrientes necesarios para que la especie escogida se desarrolle de manera adecuada y satisfaga los requerimientos nutritivos de los animales. Previo a realizar cualquier tipo de fertilización, es fundamental realizar un análisis químico de suelo, para medir la presencia de los distintos elementos y proyectar el nivel de fertilidad que podrá alcanzar la pradera.

Los principales elemento minerales que requieren los pastos para su crecimiento y desarrollo son el nitrógeno, el fósforo y el potasio, además de otros elementos secundarios como el calcio, el magnesio y el azufre que se deben considerar. También existe un grupo de elementos denominados micronutrientes, que las plantas utilizan en pequeña cantidad que pueden ser importantes, cuando se ha logrado desarrollar una pradera productiva.

Los minerales son considerados nutricionalmente esenciales ya que se les han descrito funciones metabólicas, las que principalmente están ligadas al sistema inmunitario y reproductor, y por tanto son de interés por parte de nutricionistas. Está demostrado con evidencia clínica y productiva, el importante rol metabólico de los minerales en el animal sano y productivo, como también se ha definido o especificado qué fracción o porcentaje del elemento mineral presente en los alimentos o en un compuesto mineral es aprovechado o utilizado por el animal.

Como ya hemos mencionado la pradera es el constituyente más importante en la dieta en nuestra zona, y por lo mismo debiéramos esperar que sea la que mayormente aporta elementos minerales. Sin embargo, dada la naturaleza de la pradera, el contenido nutritivo y mineral es muy variable y dependiente de numerosos factores antes mencionados, por lo que la adecuación de los requerimientos minerales del animal en pastoreo también será variable, pudiéndose traducir en problemas asociados a deficiencias y/o excesos dietarios de minerales que van a estar asociados a determinadas épocas del año, o bien a una condición productiva específica de los animales. El cuantificar la concentración de minerales esenciales en el momento oportuno permitirá hacer un manejo eficiente de deficiencias o excesos que pudieran estar afectando la salud y la producción de los animales. Existe una sería de técnicas que permiten hacer una cuantificación de minerales en % de materia seca del forraje, de forma rápida e incluso en el mismo terreno, pero estas técnicas deben tener la debida validación con el análisis químico como referente, tener la certeza de que la validación se realizó es primordial para usarlas. Aunque los minerales no absorben energía en la región del infrarrojo cercano, algunos de los macro minerales pueden ser estimados de forma indirecta por la técnica NIR, a través de su asociación con moléculas orgánicas, sin embargo cuando se quiere cuantificar exactamente el elemento presente porque hay un problema metabólico que está afectando el desempeño de los animales, es mejor recurrir al análisis químico. El cuadro N°1 muestra el valor promedio medido para los macro minerales para cada estación del año.

El laboratorio de análisis de forrajes de Cooprinsem cuenta con quince años en el mercado, con experiencia comprobada, a través de la metodología NIRS entrega resultados oportunos, de la composición nutricional y de digestibilidad de la pradera. Nuestro laboratorio pone énfasis en la preparación, homogenización, secado y molienda de la muestra, según los estándares de laboratorios internacionales de acuerdo al ranking NFTA (National Forage Testing Association, USA). Dispone de hornos de secado, lo que permite controlar tiempo y temperatura, para el secado de las muestras. Para el análisis mineral de praderas ofrecemos nuestro servicio de análisis vía química húmeda donde entregamos un completo análisis con los parámetros: P, K, Ca, Mg, Na, S, Fe, Mn, Cu, Zn, B y adicionalmente determinamos concentración de cloro y nitratos. 

Cuadro N°1. Concentración promedio de minerales en praderas en cada estación del año. Análisis realizado en el Laboratorio de Suelos de Cooprinsem vía química húmeda.

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