Conociendo a nuestros Cooperados: Carlos Koenekamp

Alto e imponente, y aunque en un momento de su vida, este joven socio de Cooprinsem, 39 años, estuvo a un paso de ceder a otra de sus grandes pasiones: volar y ser piloto, la tierra pudo más que las alas y terminó recibiéndose de Ingeniero Agrónomo en la Universidad Austral. Intentó por un año, estudiar en la Universidad Católica,pero Santiago no era para este “purranquino” de tomo y lomo.

Después de todo siempre vivió entre el olor a tierra mojada y el calor de la leña seca de esa antigua casa del fundo “Las Juntas” en Corte Alto, allí donde nació su padre, Heinz, reconocido agricultor de la zona, quien fuera el que le enseñó a volar y a sembrar.

Estudió interno en la Schule de Osorno hasta 7° básico. Apenas se recibió de Ingeniero, se fue por un año a trabajar a Nueva Zelanda. Era el año 2005 y quería vivir en carne propia como se trabaja en un país donde hacen las cosas bien.

Al llegar trabajó por dos semanas en una fábrica de cecinas, luego estuvo dos meses en un campo de 500 hectáreas como tractorista. Después de esa experiencia por fin encontró trabajo en lo que él pretendía: lechería. Era un campo de 1000 hectáreas. Empezó arreglando cercos y terminó “sabiendo” los tejes y manejes de una lechería grande que tenía el mínimo de empleados. El dueño del campo, que rondaba los 50 años, trabajaba con su señora, que se encargaba de los terneros, y con pocos empleados obtenían un máximo de resultados. Al concluir la época de lechería no aceptó el ofrecimiento de quedarse, lo que le permitió tomarse un “mes sabático” recorriendo la zona, luego de lo cual volvió a su querido Chile.

Esta experiencia lo marcó y empujó a dar el paso definitivo, hacerse cargo del campo que su padre le había entregado: Las Juntas. Es más, a este agricultor le brillan los ojos cuando habla de sus padres, de la generosidad de su papá y la confianza que su mamá, María Luisa, han depositado en él y sus dos hermanas.

Empezó como administrador, poco a poco fue adquiriendo responsabilidades, hoy está a cargo de los campos, junto a sus hermanas y cuñados, cada quién aportando lo suyo, y entre todos, a punta de trabajo, pasión y amor a la tierra, logran manejar cerca de 700 hectáreas. Doscientos cincuenta vacas en Llay Llay, el número ideal dice él, y 700 en Las Juntas, todas Overo Colorado doble propósito, lo que no es leche se va a la engorda al fundo Oromo,donde este agrónomo se “arranca” a descansar para olvidarse un rato de la lechería.

Casado con Karina Flores Chávez, padre de mellizas Emma y Lucía, de dos años. Entre ambos trabajan codo a codo por el proyecto más importante de sus vidas: criar personalmente a sus preciosas hijas.